domingo, 6 de agosto de 2017

Atapuerca, el detalle. (1/5)

Domingo 9 de julio de 2017. Medianoche. Tengo un amigo que siempre pone la alarma de tal manera que horas y minutos sumen lo mismo. Desde que me lo dijo durante unas vacaciones, siempre que casualmente los d√≠gitos de mi alarma coinciden, me acuerdo de √©l. La fijo en las 06:15h. Excitado por el viaje al pasado remoto que me espera a la ma√Īana siguiente, mi √ļnico miedo estaba basado en mi anterior experiencia all√≠: nevando a finales de marzo. Despu√©s de poner la alarma, reviso la app del tiempo y concluyo que si en Ibeas de Juarros dice que har√° 12¬ļ, en la Trinchera del Ferrocarril la temperatura no pasar√° de los diez, y mis dudas sobre vestuario se esfuman. Plumas required.

-Vista aérea de la Trinchera del Ferrocarril
y emplazamiento de Cueva Mayor-
Lunes 10 de julio. Una ducha r√°pida mientras rompe el d√≠a. Cojo algunos cd´s, el port√°til, las gafas de sol y -c√≥mo no- el cargador de m√≥vil. La c√°mara de fotos se queda, y bien que me arrepent√≠ de ello… pero bueno, de los errores se aprende. Un caf√© r√°pido en el bar del pueblo que m√°s temprano abre y me meto en el coche. No voy solo, me acompa√Īan Bono, The Edge, Larry Mulen Jr. y Adam Clayton. «Uno, dos, tres… ¡CATORCE!». V√©rtigo. La guitarra de The Edge entra a la vez que yo salgo del pueblo. Objetivo: la jornada para medios de comunicaci√≥n en los yacimientos de #Atapuerca2017. De entre las muchas cosas buenas que me est√° dando el Hombre de Anchiano, esta es una de las que m√°s me han gustado. Durante la visita de marzo, nuestro gu√≠a David nos cont√≥ que la vida del arque√≥logo (o cualquiera de sus an√°logos) est√° muy idealizada por culpa del cine. Indiana Jones es el mejor ejemplo de ello. Sin embargo, la realidad dista mucho de eso. Lo verdaderamente normal de un arque√≥logo «al uso» de Atapuerca es un mes escaso de excavaci√≥n y un mont√≥n de meses en el laboratorio frente a pantallas de ordenador para analizar  todos los datos y/o publicar los resultados. Y eso era precisamente lo que me falt√≥ ver en marzo: verles sobre el terreno. La tierra, la brocha, la humedad, la emoci√≥n y las ganas que ponen en ello. Lo mejor de eso, que encuentran lo que buscan, f√≠sica y mentalmente. Ser testigo del proceso de excavaci√≥n es un lujo al que muy poca gente tiene acceso, y a la vez, el despertador de un peque√Īo sentimiento de «¿por qu√© no estudiar√≠a yo esto en su d√≠a?». Dicho sea de paso, no todo el mundo puede llegar a Atapuerca, como contar√© m√°s adelante.


Llego el primero al parking de los yacimientos y me quedo en el coche porque lo de los 12¬ļ no era broma. En el siguiente coche que llega viene Patricia, la responsable de comunicaci√≥n, sin que yo todav√≠a sepa qui√©n es. El goteo de veh√≠culos va llenando poco a poco el parking y se empiezan a ver las parejas de c√°maras de televisi√≥n y los fot√≥grafos y periodistas invitados. Castilla y Le√≥n TV, Atlas TV, TVE y profesionales de prensa escrita grabadora en mano. Me consta que tambi√©n hay alg√ļn otro bloguero. Patricia empieza a repartir las acreditaciones y me presenta a Susana, la Community Manager de @FATAPUERCA causante de que yo haya podido asistir y a la que estar√© eternamente agradecido. El motivo de la jornada es hablar con los responsables de los diferentes yacimientos para conocer qu√© han descubierto durante el ultimo a√Īo, qu√© puede subyacer de todos esos hallazgos y hasta d√≥nde creen que podr√°n avanzar en cada uno de ellos. Nada m√°s que eso… y nada menos. En definitiva, resumir un a√Īo de trabajo en unos pocos minutos y contarlo con palabras que a la gente no le echen para atr√°s. Visitaremos la Sima del Elefante, el yacimiento de la Galer√≠a, la Gran Dolina, la Cueva Fantasma y Cueva Mayor. En esta √ļltima se encuentra el acceso a la archiconocida Sima de los Huesos que tanta luz ha aportado a la antropolog√≠a mundial. Despu√©s, y ya en el pueblo de Ibeas de Juarros, veremos el campamento montado a orillas del r√≠o Arlanz√≥n en el que toneladas de sacos tra√≠dos bajo la trazabilidad m√°s absoluta son desmenuzados con chorros de agua en cribas met√°licas para encontrar el oro en forma de f√≥siles de microfauna que ayudan a datar cada una de las zonas que hemos visitado anteriormente. 
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Atapuerca, el detalle (2/5)
Atapuerca, el detalle (3/5)
Atapuerca, el detalle (4/5)
Atapuerca, el detalle (5/5)

Atapuerca, el detalle. (5/5)

-Estructura con la motobomba
y las mangueras junto al río-
Nos despedimos del personal de Cueva Mayor y bajamos al meeting point de la entrada. All√≠, Patricia nos pide que dejemos los cascos y que le sigamos con nuestros coches hasta la √ļltima parada: el campamento a orillas del r√≠o. Hay que dejar la zona de los yacimientos para llegar y atravesar callejeando el pueblo de Ibeas de Juarros donde nos espera Gloria. Junto al r√≠o nos recibe un conjunto de carpas, un mont√≥n de sacos -reci√©n tra√≠dos desde los yacimientos- en cuadrantes, unas mesas y el suelo plagado de cribas con las que se batean los restos. Y dentro de √©l, una estructura con varios tubos a modo de manguera recibe el agua desde una motobomba y el hueco para alojar las cubas met√°licas rellenas con la tierra de los sacos. La presi√≥n del agua solo deja restos suficientemente s√≥lidos y grandes que son secados en las cribas, para posteriormente ser cuidadosamente inspeccionados. Los peque√Īos restos encontrados son clasificados de manera que se sepa exactamente de qu√© punto de la sierra provienen. Trabajo de chinos, que nos sorprende ver haciendo a un chaval que est√° de vacaciones en el pueblo: Alejandro, de 16 a√Īos. Su madre hizo esta misma visita y pregunt√≥ a Gloria si pod√≠a ayudar a descubrir f√≥siles. Sorprendentemente, es probable que Alejandro sepa m√°s de f√≥siles de microfauna del Pleistoceno que su profesor de biolog√≠a y geolog√≠a. Ah√≠ est√°, utensilios en mano, separando lo que son piedritas de lo que son microf√≥siles de vertebrados (anfibios, reptiles, peces, aves y mam√≠feros). La dataci√≥n de los yacimientos y de los hom√≠nidos encontrados que poblaron la sierra tiene su origen aqu√≠. Esos microf√≥siles permiten saber c√≥mo ha cambiado el clima durante el mill√≥n y medio de a√Īos que se barajan en Atapuerca, de la misma manera que se utilizan la bioestratigraf√≠a (horquillas de tiempo cuando se confirma qu√© especies aparecen y desaparecen) y la geocronolog√≠a (con los an√°lisis de los sedimentos encontrados). Conocer el entorno en el que se mueven/mov√≠an los animales es fundamental para determinar, por ejemplo, c√≥mo pod√≠a ser la Sima del Elefante durante el estrato del yacimiento en el que se descubra un determinado f√≥sil de musara√Īa gigante (a pesar de su nombre, de pocos cent√≠metros), castores, nutrias, etc… Las musara√Īas, por poner un ejemplo, viv√≠an en ambientes h√ļmedos donde hay abundancia de insectos, de lo que se deduce que quiz√° por aquel entonces fuera una charca o peque√Īa laguna. Esas suposiciones se confirman o desmienten cruzando todos los datos de los que se dispone. Digamos que los restos no se clasifican al tunt√ļn. Hay much√≠simas horas de estudios superespecializados para cada tema. De los aproximadamente 280 integrantes del grueso de trabajadores de los yacimientos por temporada, la gran mayor√≠a son gente que est√° haciendo ah√≠ su doctorado, o que ya lo ha hecho. Vienen de todo el mundo, y se aprovechan de las tesis de otros para investigar y profundizar hasta el m√≠nimo detalle posible. La sociedad se beneficia del esfuerzo de generaciones de cient√≠ficos que disfrutan de subvenciones muy por debajo de lo que debieran disfrutar, con un 98% de capital privado en la Fundaci√≥n Atapuerca. Resulta insultante que cuando hay hallazgos de relumbr√≥n los pol√≠ticos aparezcan en la sierra para hacerse la foto, con una cara m√°s dura que la roca madre de la Gran Dolina. 

-Lavado y secado de sedimentos-















En fin y para terminar con esta serie de posts, con ese panorama de postureo pol√≠tico, lo √ļnico que podemos hacer es alegrarnos de que Atapuerca est√© tan cerca, ir a verlo de vez en cuando, sentirnos de enhorabuena por ello... y dar las gracias a gente joven como Alejandro, por si lees esto, porque gente como t√ļ hace tener esperanza en que la ciencia avance poco a poco en el camino que a su vez nos hace progresar como especie. Qui√©n sabe, quiz√° encuentres alg√ļn d√≠a un Miguel√≥n.
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Atapuerca, el detalle (1/5)
Atapuerca, el detalle (2/5)
Atapuerca, el detalle (3/5)
Atapuerca, el detalle (4/5)

Atapuerca, el detalle. (4/5)

-En esta fotografía se aprecia la diferencia entre largo y ancho del yacimiento-
El yacimiento de La Galer√≠a es la pen√ļltima parada. Un peque√Īo emplazamiento que qued√≥ al descubierto tras las voladuras que dejaron a la luz estas joyas de la paleoantropolog√≠a en la Trinchera del Ferrocarril. La Galer√≠a est√° muy cerca de la Gran Dolina. Se trata de una trampa natural, a la que llegaban los animales por diferentes motivos, pero de la que no pod√≠an salir. Por los restos encontrados, se deduce que los pobladores de la Gran Dolina seguramente utilizasen esa cavidad a modo de despensa -o nevera- a la que acudir en busca de la comida para la tribu. Est√° afirmaci√≥n est√° basada entre otras cosas en que, por ejemplo, se percibe la ausencia de huesos de las extremidades de grandes animales, pero se han encontrado costillares e industria l√≠tica... vamos, que iban a por los «jamones». La Galer√≠a es, junto con Elefante, la m√°s visible desde la Trinchera. Podemos ver disfrutar a las diez personas que se est√°n encargando de la ampliaci√≥n de lo que solamente era un techo y en el que ahora se excava una superficie de 12x5 m; la diferencia entre ancho y largo se debe a que en esta zona lo que se quiere es ver la variabilidad lateral del yacimiento. Aqu√≠ se mueven en torno a los 270 mil a√Īos. Un complejo del que se han obtenido ya m√°s de 50 dataciones y en el que, seg√ļn nos confirmaron, se estima que quedan de «comer» unos 30 cm al interior de la pared de la monta√Īa para llegar a f√≥siles humanos. En la Galer√≠a hay al menos 1 √≥ 2 a√Īos de trabajo en los que pueden sorprendernos con alg√ļn hallazgo. 

-Esa es la entrada al conducto por el que
se accede a la Sima de los Huesos-
Desde la Galer√≠a nos esperaba un ascenso bastante m√°s duro de lo que pensaba(mos) y que no gust√≥ nada a los c√°maras para llegar a la Cueva Mayor, el lugar que da acceso a la Sima de los Huesos. All√≠ deb√≠a comentarnos lo propio Juan Luis Arsuaga, la tercera pata del tr√≠o de co-directores de Atapuerca, pero finalmente no pudo estar presente y fue la responsable en ese momento quien nos explic√≥ todo maravillosamente bien. En Cueva Mayor se est√°n moviendo ahora en el Neol√≠tico, es decir, cuando los primeros agricultores y ganaderos se instalan en la zona. El objetivo principal es tratar de informar sobre cu√°l era el uso de la cueva. El problema principal es que una vez que intervienen en el yacimiento, queda destruido. Por eso, es primordial registrar lo m√°s importante, a todos los niveles. Se sigue un m√©todo de trabajo muy complejo para llegar al detalle que se traslada al laboratorio, pero lo bueno de hoy en d√≠a es que antes todo eso se hac√≠a con l√°piz y papel… mientras que ahora toda esa labor se ha agilizado un mont√≥n gracias a la tecnolog√≠a.

Al parecer, Cueva Mayor tiene evidencias de suelos preparados y estabilizados por los diferentes pobladores con restos de fauna (de lo que com√≠an), as√≠ como restos de cer√°micas, hogueras y hogares. Much√≠sima informaci√≥n para procesar. Ya se ha realizado alg√ļn descubrimiento de relevancia, como el enterramiento completo de un ni√Īo descubierto en el a√Īo 2012. Fue algo realmente esperado, porque todo hac√≠a indicar que la cueva hab√≠a sido utilizada para ritos funerarios, y faltaba esa evidencia. M√°s all√° de eso, es posible que haya abierta una peque√Īa ventana al Pleistoceno en Cueva Mayor. Teniendo en cuenta que el yacimiento no es horizontal, han trabajado sobre todo la zona sur y creen que en la parte norte queda al menos medio metro de zona f√©rtil para excavar. La zona m√°s antigua dentro de Cueva Mayor, pero de las m√°s modernas de Atapuerca. 

En el nivel m√°s superior del yacimiento, creen estar en tiempos «romanos» de principios de la Edad del Bronce. Y no se descarta encontrar a los Homo Sapiens m√°s antiguos, aunque el ritmo de trabajo y el cuidado con el que se excava hacen que no sea prioritario, porque en los niveles de Holoceno queda mucho y muy importante por descubrir. Ser√≠a algo m√°s pensado en el medio plazo.
-En Cueva Mayor la iluminación artificial es indispensable-
Con todo lo que llev√°bamos, a√ļn quedaba la parte m√°s visual del proceso. Lo tangible. Hasta ese momento solamente hab√≠amos o√≠do charlas o visto a arque√≥logos midiendo y buscando «cosas» dentro de los yacimientos. Nos hab√≠amos sorprendido incluso de ver una retroexcavadora, y de que nos dijeran que lo que hacen ellos es recopilar toda la informaci√≥n que pueden porque a su paso destruyen el yacimiento. Los arque√≥logos son las n√©mesis del rey Midas. Nos faltaba el filtro. La primera gran criba de todo lo recopilado en la sierra. Digo que es lo m√°s tangible porque en cuatro pasos visualizas desde el saco con tierra, hasta el f√≥sil de microfauna.
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Atapuerca, el detalle (5/5)

Atapuerca, el detalle. (3/5)


De la Cueva Fantasma nos dirigimos a la Gran Dolina, pero desde la parte superior de la excavaci√≥n. Una vista muy diferente a la que se tiene cuando se hace el recorrido standard de visita tur√≠stica desde el pie de la Trinchera. Los responsables del yacimiento nos resumen cu√°nta gente est√° trabajando ah√≠, qu√© se ha encontrado y qu√© pensamiento de futuro se tiene. Sin ir m√°s lejos, el d√≠a antes de nuestra visita se hab√≠a encontrado en las terrazas de Dolina el precioso bifaz de cuarcita de la fase achelense (originaria de √Āfrica hace 1.5 MA, aunque a Atapuerca llega hace 200-300 mil a√Īos) que ilustra este p√°rrafo. La Gran Dolina era el lugar donde estaba en realidad el asentamiento. Contrariamente a lo que la gente creemos, y como Berm√ļdez de Castro nos hab√≠a dicho en Fantasma, les llamamos cavern√≠colas pero no es del todo correcto. Las diferentes comunidades de hom√≠nidos hac√≠an la vida fuera y utilizaban las entradas de las cuevas para protegerse en caso de amenaza animal o natural, o para realizar diferentes actividades pero lo m√°s seguro es que vivieran fuera de ellas. Algo muy l√≥gico, por otro lado. Lo que se busca en Dolina es encontrar indicios de restos de hom√≠nido que sirvan para conectar el que apareci√≥ en Elefante (de hace 1.2 MA) con el Homo antecessor ya encontrado en el Nivel TD6 de Gran Dolina (de 800 mil). Ya hay indicios de industria l√≠tica, por lo que se sabe que hab√≠a pobladores. Adem√°s, en Gran Dolina ha aparecido numerosa fauna en los niveles inferiores del yacimiento Nivel TD4. Bisontes, caballos, gamos y tambi√©n de hienas manchadas como las actuales, que vendr√≠an a ser las primeras que llegan a Europa, en torno al mill√≥n de a√Īos. Los 25 m2 de superficie del √ļltimo nivel «f√©rtil» (es decir, no roca madre) de este yacimiento los est√° excavando un equipo de 8 personas. Tiene aproximadamente 1 metro de espesor.


Andreu nos cuenta que en la parte alta de Gran Dolina, «el √°tico», se trabaja sobre sedimentos m√°s recientes que abajo. Unos 400 mil a√Īos. Esa zona de unos 85 m2 la trata un equipo de 22 a 25 personas. Se trata de una enorme grieta, entrada a una gran cueva en el interior de la monta√Īa. En esta parte se encuentran los vestigios de lo que hac√≠an en su d√≠a a d√≠a los cazadores-recolectores: cazaban, procesaban los animales (cortar, desmembrar, etc…) y abandonaban los restos.
-Vista cenital desde lo alto del yacimiento de Gran Dolina-
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Atapuerca, el detalle. (2/5)



-Vista del yacimiento de Elefante-
La primera parada es la Sima del Elefante. Rosa nos cuenta que estamos hablando de 1.3 millones de a√Īos (en adelante: MA). Este a√Īo, las quince personas que hay trabajando en ella est√°n descubriendo los 20 m2 de superficie del Nivel 7 -en adelante, N7, N8… N19- (y en la pared pueden verse perfectamente los 30 m2 de las diferentes capas de anteriores campa√Īas). Por el momento, en Elefante -como le llaman all√≠- solamente se han registrado hallazgos paleontol√≥gicos, nada de industria l√≠tica (para entendernos, herramientas de piedra)… por eso se conformar√≠an con encontrar una pieza de esas. Tambi√©n nos habla de la mand√≠bula de hom√≠nido que se encontr√≥ en el N9 y que el N8 est√° erosionando al N7. Esperan poder trabajar ese N7 unos 4 √≥ 5 a√Īos; si no hay sorpresas, despu√©s de excavar el nivel inferior volver√≠an a excavar en toda la secuencia: desde el N19 (m√°s superior) al actual N7. Nos dice tambi√©n que, haciendo un ejercicio de imaginaci√≥n en 3D sobre la sierra en su conjunto y las galer√≠as interconectadas, la zona intermedia de la  Sima del Elefante est√° conectada con Cueva Mayor por un pasillo de unos 8 metros. Podr√≠amos decir que las caracter√≠sticas de los diferentes tipos de rocas que la componen habr√≠an permitido algo parecido a un hormiguero con algunos pasadizos intercomunicados de manera natural, y aprovechados cientos de miles de a√Īos despu√©s por los habitantes de cada uno de los per√≠odos… todo ese proceso geol√≥gico habr√≠a ocurrido durante los √ļltimos 2-3 MA. En Elefante se han encontrado restos de hipop√≥tamo, de oso y el mayor registro de aves de toda la Trinchera del Ferrocarril.
-Carbonell y Berm√ļdez de Castro-

La segunda parada es quasipornograf√≠a para los iniciados en la materia: Cueva Fantasma. ¿Por qu√©? Pues porque ah√≠ es donde dos de los tres co-directores del complejo arqueol√≥gico est√°n dando sus √ļltimos coletazos antes de retirarse dejando todo listo para la generaci√≥n de investigadores venidera... y porque ya, por fin, se ha confirmado la presencia del tan ansiado Neandertal en ella gracias a un parietal encontrado. Este hallazgo permite completar toda la evoluci√≥n humana en Euroasia. Algunos dar√≠an un brazo por poder trabajar en ese yacimiento junto a Eudald Carbonell y Jos√© M¬™ Berm√ļdez de Castro, y una mano por poder escuchar de primera mano y sobre el terreno la charla de 20 minutos que nos dieron. Not√© como Eudald, con su indumentaria t√≠pica de gorro de explorador y colores sufridos, te hace sentir peque√Īito mientras mir√°ndote fijamente explica todo lo que han conseguido durante el √ļltimo a√Īo, y lo que queda. Una mirada combinada con pausa y rotundidad a partes iguales que deja bien clara la pasi√≥n que tiene por su trabajo. Tambi√©n not√© c√≥mo Jos√© M¬™, Chema, con una gorra negra ya desgastada y llena de polvo aseveraba con la misma firmeza que aflicci√≥n la Cueva Fantasma ser√≠a su √ļltima gran traca de fin de fiesta antes de colgar las botas. Sin fecha definida, pero con la idea en el horizonte cercano. No hay miedo, seg√ļn dijeron «en Atapuerca hay material para excavar durante los pr√≥ximos 500 √≥ 1000 a√Īos, literalmente, y estudiar la evoluci√≥n humana durante el √ļltimo mill√≥n y medio de a√Īos». Ah√≠ es nada. 
-Panor√°mica de Cueva Fantasma, la nueva joya de Atapuerca-
El a√Īo 2017 es el segundo en el que se ha trabajado en la apertura de Cueva Fantasma para facilitar las labores que a√ļn quedan. Y con grand√≠simas sorpresas, no s√≥lo por la cantidad de f√≥siles que se ven en los diferentes niveles, sino tambi√©n porque est√°n encontrando estratos muy-muy antiguos. Una mezcla entre alturas muy modernas, de la √©poca del Neandertal, junto con niveles que pueden ser del Pleistoceno inferior. De momento van a centrar los esfuerzos en cubrir el yacimiento para que la lluvia no lo deteriore, y una vez hecho eso se empezar√° a excavar… pero eso ser√° en julio de 2018. Jos√© Mar√≠a y Eudald tienen una gran esperanza en que Fantasma sea un (otro) gran descubrimiento de la sierra de Atapuerca. Un lugar lleno de yacimientos, muchos conocidos, otros intuidos y no sabemos cu√°ntos desconocidos. Tanto que no se puede abordar. 

-En el nivel superior de Fantasma
se han encontrado estos restos
de caballo-
Durante el √ļltimo a√Īo se han realizado cuatro sondeos «de testigo continuo» que se suma al que ya hab√≠a hecho. Eudald nos cont√≥ que, por lo que han visto, pueden decir que cuando el yacimiento est√© avanzado tendr√° un aspecto parecido a la Gran Dolina, estratigr√°ficamente hablando. Las brechas encontradas se han datado en torno al mill√≥n y medio o dos millones de a√Īos. Sedimentos encajados cuando se estaban formando las cuevas que ser√≠an los m√°s antiguos encontrados hasta la fecha en la sierra. La cueva est√° muy bien delimitada y se ha descubierto tambi√©n la entrada de la cueva por la parte de atr√°s (de la monta√Īa). La parte m√°s elevada del lugar, en la que han aparecido ya algunos restos, data aproximadamente de 80-90 mil a√Īos (Pleistoceno superior); y por debajo de ah√≠ habr√° posibilidad de llegar hasta el Pleistoceno inferior en los niveles m√°s bajos. Como dijo Eudald: «Podr√≠amos decir que aqu√≠ hemos abierto una nueva caja de Pandora, distinta, fuera de la Trinchera». Se ha encontrado ya algo de industria musteriense, que junto con la fauna y el resto de hom√≠nido identificado ya como Neandertal completa lo que viene siendo habitual en Atapuerca. Ambos consideran que encontrar hom√≠nidos en los niveles m√°s bajos (1.5-2 MA) ser√≠a algo muy poco probable, casi un milagro. «Una ilusi√≥n nuestra es saber cu√°ndo empez√≥ a haber registros aqu√≠, porque hay restos geol√≥gicos de 2-3 MA, cuando ni siquiera exist√≠a el r√≠o Arlanz√≥n».

Como resumen a la charla in situ, Eudald resume de manera certera la relevancia de la Cueva Fantasma: «aqu√≠ hemos encontrado los f√≥siles m√°s modernos y los sedimentos m√°s antiguos».
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s√°bado, 24 de junio de 2017

J√ļpiter, un viejo conocido

Su inmensidad. Un paseo por encima de su cielo. Un sobrecogedor video que deja sin aliento pensando que 1300 Tierras cabr√≠an en su interior. Inconcebible para cualquier mortal. Cantidades y datos que se nos escapan, como las sondas que enviamos a J√ļpiter us√°ndolo como trampol√≠n gravitatorio para sus viajes espaciales.

Si nos dicen que dibujemos el planeta J√ļpiter, probablemente nos decidamos por hacer un circulo, pintarle unas cuantas bandas horizontales de m√°s o menos igual espesor y dibujar un punto gordo en una de ellas para representar la enorme mancha roja en la que caben unos tres planetas Tierra. Sin embargo, hay algo que hasta hace no mucho no sabr√≠amos representar: una vista desde encima del polo Norte o desde debajo de su polo Sur. La sonda Juno, a pesar de los problemas que obligaron a modificar la secuencia de √≥rbitas desde la NASA, nos ha deslumbrado a todos con las im√°genes que est√° obteniendo durante los √ļltimos meses. Lo que vemos es realmente un espect√°culo de gigantescas tormentas en la parte alta de su atm√≥sfera, y colores que nada tienen que ver con esos rojos, naranjas y beiges que hemos visto en las fotos toda nuestra vida.

(Créditos: NASA / SwRI / MSSS / Gerald Eichstädt / Seán Doran)

Se conoce J√ļpiter desde la antig√ľedad, aunque durante los √ļltimos siglos se ha avanzado de manera gigantesca en tecnolog√≠a, consiguiendo de √©l much√≠sima m√°s informaci√≥n. Sin ir m√°s lejos, y como un punto de inflexi√≥n gracias al telescopio, el 7 de enero de 1610 Galileo confirm√≥ la existencia de cuatro de sus 69 sat√©lites (s√≠, 69 sat√©lites) a los que llamamos galileanos en su nombre: √ćo, Europa, Gan√≠medes y Calisto. Un planeta gigante muy gaseoso pero con poca masa que pudo haberse convertido en estrella y hacer del sistema solar un sistema binario que hubiera cambiado para siempre el devenir de todos los que fueron llegando con el paso de algunos millones  de a√Īos. De hecho, a lo mejor ni siquiera hubieran llegado. No lo consigui√≥ porque le falt√≥ masa a pesar de ser enormemente gaseoso y no su pudieron dar las condiciones para que se produjera en su interior la fusi√≥n de √°tomos de hidr√≥geno para formar helio liber√°ndose energ√≠a que retroalimentara el proceso, como pasa en el Sol.

Su estudio de manera «in situ» empez√≥ cuando el que escribe esto ni siquiera hab√≠a nacido. Las Pioneer 10 y 11 sobrevolaron al gigante gaseoso en 1973 y 1974, respectivamente. Tomaron fotos, entre otras cosas, y despu√©s de ellas fueron las Voyager 1 y 2 en su viaje interestelar las que pasaron por all√≠ en 1979. En honor a Galileo Galilei, la primera misi√≥n de larga duraci√≥n -7 a√Īos- enviada a J√ļpiter fue la Galileo de la NASA en 1995. Siete a√Īos en los que un orbitador no pudo dar todos los datos deseados del planeta, pero que sirvi√≥ para conocer m√°s en detalle algunos de sus sat√©lites; acab√≥ zambull√©ndose en J√ļpiter para no contaminar con microbios terrestres ninguno de sus sat√©lites, se hizo (y se hace) as√≠ porque se hab√≠a percibido actividad bajo la superficie de Europa… Posteriormente, la Cassini-Huygens en su viaje al sistema de Saturno, que est√° llegando a su fin este a√Īo y del que hablar√© a no mucho tardar en este blog, sobrevol√≥ J√ļpiter en el a√Īo 2000. Y la √ļltima que hab√≠a pasado por all√≠ hasta que Juno lleg√≥ fue la New Horizons de camino a Plut√≥n en el a√Īo 2007. Despu√©s de todas esas tomas de contacto en mayor o menor t√©rmino, y sobre unas u otras mediciones (en funci√≥n de los aparatos de medida de cada una de las sondas), hemos llegado a 2017 con un incremento tecnol√≥gico exponencial que solamente es tangible si comparamos la primera foto de las Pioneer con el tremendo video por el que estoy escribiendo esta entrada.


De momento, el procesado de J√ļpiter del inicio de este post hecho a partir de las im√°genes enviadas por la sonda Juno de la NASA durante uno de sus sobrevuelos es lo m√°s espectacular que hemos visto jam√°s. A d√≠a de hoy, ya hay datos como para tener entretenidos a los cient√≠ficos una buena temporada, y a√ļn quedan unas cu√°ntas √≥rbitas. Sus auroras, su atm√≥sfera, su magnetosfera, su interior… inc√≥gnitas que seguramente se vayan despejando poco a poco. Muy poco a poco. El pasado mes de mayo disfrut√© un mont√≥n durante el evento Pint Of Science en Bilbao porque nos ofrecieron una charla sobre J√ļpiter y sus atm√≥sferas que los asistentes nos quedamos boquiabiertos. Gracias por actividades como esa.


En este enlace de la web de la NASA pod√©is ver much√≠sima informaci√≥n sobre el viaje a J√ļpiter de la sonda Juno: https://www.missionjuno.swri.edu

miércoles, 21 de junio de 2017

Erat√≥stenes... ¡¡¡y un palo!!!


Es de noche a orillas del mediterr√°neo y Alejandr√≠a luce alumbrada por un faro digno de los faraones, aunque se construyera mucho tiempo despu√©s. Una de las cosas m√°s espl√©ndidas que no tuvimos la suerte de que llegara hasta nuestros d√≠as. Una de tantas. El ajetreo de la noche es el t√≠pico de una ciudad costera, algo que no ha cambiado en dos mil doscientos a√Īos. Observada desde el mar, su luz pod√≠a verse desde un mont√≥n de kil√≥metros de distancia. El colosal faro impon√≠a su visibilidad en la oscuridad desde la isla de Pharos para que los barcos no tuvieran p√©rdida en su llegada a puerto.

(Imagen: Anphipolis.gr)
Mientras romp√≠a el d√≠a, desembarcaba Erat√≥stenes. Matem√°tico, fil√≥sofo, poeta, fil√≥logo y ge√≥grafo griego. Desde Atenas se tra√≠a el recuerdo de sus compa√Īeros de debate; ilustres de los que algunas de sus aportaciones llegaron hasta nuestros d√≠as. Pero, especialmente, de Arqu√≠medes, poco mayor que √©l, y con quien lleg√≥ a escribirse cartas con contenidos relacionados a sus especialidades. Llegaba para desempe√Īar dos encargos por orden del mism√≠simo Ptolomeo III. El primero de ellos era educar a los hijos del rey, y el segundo dirigir la formidable biblioteca de la ciudad. No le hac√≠a mucha gracia tener que ilustrar a j√≥venes de la realeza m√°s pendientes de otras cosas, pero la direcci√≥n de la biblioteca de Alejandr√≠a era algo irrechazable… 

(Imagen: elcientificonovato.blogspot.com.es)
Un tiempo despu√©s de aquella llegada, y totalmente habituado a la vida all√≠, no pod√≠a dejar de pensar en algo que hab√≠a encontrado en un documento de la biblioteca hac√≠a no mucho: durante el mediod√≠a del solsticio de verano (nuestro 21 de junio), los objetos no tienen sombra en Siena (actual Asu√°n) y la luz solar llega hasta el fondo de los pozos porque el sol se encuentra justo en la vertical. De alguna manera, se le ocurre pensar que si en Alejandr√≠a, ese d√≠a, a esa hora, se proyecta la sombra de objetos verticales respecto al suelo, tenemos un √°ngulo diferente del de Siena. Algo no le cuadra… Por eso, piensa que con algo de geometr√≠a (nada m√°s all√° del concepto de arco tangente) y la distancia entre ambas ciudades, puede hallar el radio de la Tierra. Suponiendo que, por esa diferencia de sombras en el mismo d√≠a a la misma hora, la Tierra no es plana, Alejandr√≠a y Asu√°n son los extremos de un arco de circunferencia y no una l√≠nea recta sobre una superficie plana. Erat√≥stenes prepar√≥ minuciosamente el experimento y esper√≥ al siguiente solsticio de verano para confirmar si estaba en lo cierto… 

Lleg√≥ el gran d√≠a. El sol hace apenas dos horas que ha salido y √©l se levanta para avisar a sus ayudantes de que cojan las cosas que hab√≠an dejado preparadas por la noche. Alej√°ndose un poco de multitudes, buscan un lugar en el que la gente no les estorbe demasiado. Tampoco es que vayan a hacer gran cosa, pero el mero hecho de sentirse observados les puede hacer equivocarse. En el mediod√≠a solar, unos palos y algunas mediciones, repetidas para confirmar los datos apuntados, son suficientes para hacer historia. Hac√≠a tiempo que sabe la distancia que hay entre ambas ciudades (aproximadamente 920 km), por lo que es hora de que el maestro que encontr√≥ la manera de cribar los n√ļmeros para saber los primos menores de un n√ļmero dado o que cre√≥ el mesolabio (instrumento con el que resolver la media proporcional) se ponga manos a la obra para calcular a qu√© circunferencia corresponde el arco formado con todos esos datos que tiene. 

El resultado fue un valor tremendamente cercano al aceptado hoy en d√≠a, cosa realmente sorprendente para hace m√°s de dos milenios. Su error fue de unos 8 km sobre una longitud de circunferencia de 40000 km aceptada hoy en d√≠a. Ah√≠ queda eso. De entre el conjunto de demostraciones y c√°lculos que llev√≥ a cabo a lo largo de su vida, quiz√°s sea este el que m√°s destaque por la espectacularidad de conseguir pensar en algo tan intangible en su tiempo como medir la Tierra, pero es cierto que adem√°s de los mencionados m√°s arriba, tambi√©n realiz√≥ complicadas mediciones astron√≥micas relacionadas con el Sol en verano y en invierno, as√≠ como gracias a los conocimientos de cartograf√≠a adquiridos, fue capaz de realizar el primer mapa basado en meridianos y paralelos…

Sin embargo, tristemente, la ceguera que le afect√≥ en un momento dado de su vida fue tan determinante que acab√≥ por conducirle al suicidio al no poder seguir leyendo ni escribiendo. Un cruel final para alguien tan brillante.


Para saber m√°s:
@jasantaolalla feat. @unicoos, @charlylabs, @curiosamente https://www.youtube.com/watch?v=bcWWoXo37IQ 
http://www.um.es/cepoat/radio/temporada-3-programa-15-eratostenes-de-cirene-y-la-circunferencia-de-la-tierra/






martes, 16 de mayo de 2017

Nochevieja en Marte.


Durante la antig√ľedad te despertabas pensando qu√© querr√≠an los dioses que te ocurriera ese d√≠a. Daba igual si eras hombre o mujer. Agricultor, ama de casa, soldado, esclavo, esclava, rey o reina. Todo te parec√≠a venir dado desde las alturas, independientemente de tu posici√≥n social. Era una manera sencilla para aceptar los cataclismos, las derrotas en batallas o las rebeliones. Or√°culos, templos y palacios edificados para consultarles sobre tal o cual cosa. 

En Roma, uno de esos responsables era Marte. Dios de la guerra, hijo de J√ļpiter y de Juno. Casi nada… Un personaje mitol√≥gico con gran influencia en una sociedad como la romana, con un gigantesco ej√©rcito esparcido por todo lo largo y ancho de la geograf√≠a europea con un lema terriblemente pragm√°tico: si quieres la paz, prepara la guerra. El famos√≠simo «si vis pacem, para bellum». Durante una de esas tardes lluviosas en las que te acabas refugiando en cualquier canal de documentales que te eches a la cara, una vez o√≠ que el Imperio Romano no buscaba la expansi√≥n, sino la protecci√≥n de Roma de posibles ataques extranjeros. Me fascin√≥ el concepto, por lo √©pico.  Otra cosa eran los medios, aunque frankly speaking, las cosas funcionaban as√≠ en la antig√ľedad; incluso ahora funcionan as√≠. La diferencia es que ellos no s√≥lo consideraban la Tierra el centro del universo. Tambi√©n cre√≠an que Roma, como centro del mundo conocido, solamente pod√≠a ser un lugar seguro si establec√≠an el cord√≥n de seguridad hasta llegar a ella lo m√°s lejos posible. 

Cuenta la leyenda que Marte naci√≥ cuando su madre huy√≥ del Olimpo, y se adentr√≥ en los campos de Oleno siguiendo el consejo que la diosa Flora le hab√≠a dado en su templo. Juno no hab√≠a visto nunca una flor tan bonita como la que Flora le dijo que cogiera, y result√≥ no ser una flor. Era J√ļpiter, y de la uni√≥n al tenerla en su regazo naci√≥ Marte. Siglos despu√©s, seguimos igual que entonces. Diferentes dioses. Mismas inquietudes. Siempre mirando al cielo, claro. El firmamento nos muestra los planetas del sistema solar como puntos brillantes, salvo que utilicemos telescopios que nos permitan verlos en su m√°xima expresi√≥n. O casi. Con el transcurso del tiempo, el perfeccionamiento de la tecnolog√≠a nos est√° permitiendo conseguir cosas absolutamente inimaginables para aquellos hombres y mujeres que observaban fascinados las constelaciones. Imaginad que, por un momento, alguno de ellos pudiera siquiera ver una foto de la luna. No digamos ya de Saturno con sus anillos, J√ļpiter, Plut√≥n… Algo que a nosotros nos parece lo m√°s normal del mundo, hubo much√≠simas generaciones que no pudieron hacer nada m√°s que imaginar. Y si estuviera el suficiente tiempo entre nosotros como para ver y escuchar todo lo que sabemos hoy de nuestro vecino Marte. Y decirle que est√° habitado por robots que hemos enviado nosotros y que hace una semana estaban todos de fiesta celebrando el a√Īo nuevo marciano, que tiene casquetes polares, atm√≥sfera, un clima estacional como el nuestro, etc, etc, etc… Seguramente, llorar√≠a de emoci√≥n o tartamudear√≠a de asombro. La Tierra ha girado muchas veces alrededor del sol desde que, en la d√©cada de los 1660s, Christian Huygens, Giacomo Cassini y William Herschel comenzasen a observar regularmente el planeta rojo, su rotaci√≥n, su atm√≥sfera, sus nubes… Pasaron casi 200 a√Īos hasta que se dibuj√≥ un mapa de Marte, basado en las observaciones de Beer, M√§dler y Dawes. Y mirad ahora sobre lo que estamos hablando: tenemos la capacidad de mapear desde la √≥rbita, y con una considerable precisi√≥n cualquier punto de Marte. 


Lo conocemos bien ya. Marte, el planeta rojo. El dios romano de la guerra que nos ha ganado ya alguna que otra batalla -v√©anse las sondas Beagle-2 y Schiaparelli, laboratorios volantes con aterrizajes fatales-. Un color rojo que, hoy en d√≠a, sabemos que viene dado por el √≥xido de hierro de su superficie. Sabemos tambi√©n que su fina atm√≥sfera se congela en los polos, pero que hace millones de a√Īos tuvo una atm√≥sfera compacta, y agua, ergo r√≠os, mares, islas. Pudiera ser que hace millones de a√Īos, cuando exist√≠a su escudo anti-radiaci√≥n solar, todo eso fuera lo m√°s parecido a la Tierra que nos podamos echar a la cara. Un hecho que, a unos pocos meses de viaje dentro de la inmensidad del universo, ¡no me negareis que es una suerte incre√≠ble! Una roca situada a 228 millones de kil√≥metros del sol, con un tama√Īo aproximadamente la mitad que nuestro punto azul p√°lido, con d√≠as casi exactamente iguales, y con a√Īos casi exactamente el doble que los nuestros, con una temperatura ecuatorial media sensiblemente inferior a la nuestra, y con una gravedad que nos atraer√≠a s√≥lo una tercera parte de lo que nos atrae en nuestra casa. Caracter√≠sticas b√°sicas que nos dejan caer en la tentaci√≥n de jugar a ser Dios y querer transformarlo (los ge√≥logos lo llaman terraformar, es decir, modificarlo para hacer que se parezca a la Tierra) «maldita sea, hagamos lo posible por llegar all√≠». la NASA ha planteado hace poco que quiz√° se pueda re-formar el escudo anti-radiaci√≥n y el efecto haga el resto. Suena a quimera, pero m√°s por desconocimiento t√©cnico nuestro cuando nos lo cuentan que por otra cosa. 


De momento, y hasta que las cuestiones t√©cnol√≥gicas, √©ticas y legales no se solventen, no nos queda otra -y no es poco- que disfrutar de Marte desde la inmensa cantidad de datos que nos env√≠an los artilugios que all√≠ tenemos orbitando o sobre el terreno. Parece magia, pero no lo es. Desde la Tierra hemos sido capaces de «poblar» un planeta para averiguar qu√© pasa, qu√© ha pasado, por qu√©, c√≥mo o tantas y tantas otras cosas que mediante la investigaci√≥n en la Tierra sabemos. A d√≠a de hoy, es absolutamente impresionante que el Curiosity, el Opportunity y todo el resto de aparatos que lo habitan u orbitan nos muestren la realidad de un lugar inh√≥spito, pero potencialmente habitable para nosotros. La semana pasada, todos esos robots celebraban la Nochevieja marciana, un fiest√≥n. Un nuevo paso por la casilla de salida desde que lo medimos. Nosotros tenemos nuestro calendario «perfectamente» ajustado, pero tambi√©n el de Marte. ¿C√≥mo? Con el sol como referencia, tanto para la definici√≥n de los d√≠as -en Marte: soles- como para la del a√Īo. A partir de ah√≠, es f√°cil, considerando la divisi√≥n de la √≥rbita en 12 partes de 30¬ļ. Eso s√≠, su vuelta alrededor del Sol es m√°s exc√©ntrica que la nuestra y por eso la duraci√≥n de las estaciones var√≠a m√°s entre s√≠ con respecto a la duraci√≥n de la Tierra. Gracias a esa medici√≥n se ha podido determinar cu√°ndo el planeta pasa por el 0¬ļ. Aunque creo que se ve mejor en esta imagen:



Quiz√° yo no lo vea, y por eso me gusta seguir imaginando que ser√° posible ir. A fin de cuentas, fijaos lo que supuso para los primeros hom√≠nidos subir una colina para ver lo que hab√≠a al otro lado. Esa misma sensaci√≥n de curiosidad es la que reflejan las im√°genes de Marte en las que se ven las huellas del rover perderse en la lejan√≠a. 



Agradecimientos:
Nah√ļm Chazarra (http://www.ungeologoenapuros.es)
Fuentes e im√°genes:
https://www.nasa.gov
http://www.astromia.com/solar/marte.htm
https://www.wikipedia.org 

domingo, 9 de abril de 2017

Tercer aniversario del blog

Muchas gracias. A todos. Incluso a mi primer troll -y √ļnico, de momento-, porque sin √©l no pod√≠a haber sabido qu√© se siente cuando un desconocido te descalifica sin motivo. Esta entrada quiero que sirva para agradeceros a todos el inter√©s durante los tres √ļltimos a√Īos. 


Era un 8 de abril. Hacia unos d√≠as que mi servicio en una multinacional aeron√°utica hab√≠a tocado a su fin entre elogios y parabienes no consumados en un contrato indefinido para «la casa» (esto, en 2014, era signo de estabilidad). Ten√≠a que volver a la central de la empresa que me pagaba la n√≥mina… Mientras empaquetaba mis b√°rtulos, algo me dec√≠a que no lo har√≠a por mucho tiempo. ¿Y qu√© me llevo?¿Qu√© recojo? Lo m√°s parecido que recuerdo a esa situaci√≥n era cuando desped√≠an a Chandler Bing de su trabajo de oficina, en la televisiva serie Friends. Son tantos los recuerdos que, llegado el momento, solamente te apetece llevarte lo que es tuyo: las postales, e-mails con diplomas y apuntes de los cursos que has hecho… quiz√°, a lo sumo, el cuaderno de notas donde a lo largo de a√Īos has registrado todo lo que tus compa√Īeros te han explicado «n» veces hasta que has aprendido a hacerlo en autom√°tico. No necesitas m√°s. El resto de cosas que te llevas est√° dentro de tu smartphone. Son nombres y apellidos que aparecieron en tu vida y que el tiempo se encargar√° de clasificar como colegas, contactos o simplemente compa√Īeros, que no amigos. Aquel d√≠a en el que recog√≠a mis cosas me desped√≠ de todos los que consider√© que deb√≠a despedirme. Por supuesto, tambi√©n de los operarios de f√°brica que tanto me hab√≠an ayudado en ocasiones, dej√°ndoles recado para que me despidieran de los que entraban en el siguiente turno.  Son las personas las que hacen grandes a las empresas. Los n√ļmeros son s√≥lo n√ļmeros. Sin personas, no hay n√ļmeros.

Era 8 de abril, dec√≠a. Llevaba unas pocas jornadas laborables delante de un ordenador sin tener muy claro qu√© se supon√≠a que quer√≠an de m√≠. No me ten√≠an asignado ning√ļn trabajo, sencillamente porque no hab√≠a trabajo. Un peregrino «trastea un poco con la √ļltima versi√≥n del NX…». Esa √ļltima versi√≥n del NX no me aportaba mucho, la verdad. A pesar de tener formaci√≥n  y haber trabajado durante casi una d√©cada como t√©cnico superior desarrollando proyectos mec√°nicos, llevaba los cuatro √ļltimos a√Īos gestionando una parte de la cadena de suministro de piezas para los motores del Eurofighter, el Airbus A400M, el A320 o el Boeing 787 Dreamliner, entre algunos otros. Acosado por las entregas de los pedidos, satisfecho a la vez por ponerlas en verde en el Excel de rigor. Tratando de mejorar y aprender siempre, incluso de lo malo… que lo hubo a veces. Por eso, durante uno de los momentos a solas y por puro aburrimiento, entr√© en la web de alg√ļn peri√≥dico generalista y le√≠ una noticia sobre la -por entonces- nueva trama de corrupci√≥n del PP: la G√ľrtel. En mi cuenta de Twitter hab√≠a visto que algunos de los que yo segu√≠a ten√≠an un blog donde contaban sus mierdas, as√≠ que me dije a m√≠ mismo: cuenta la mala hostia que se te pone, su√©ltala. Abr√≠ una ventana de Google y tecle√©: «crear un blog». Por aquel entonces, la manera m√°s sencilla era blogspot. Y as√≠ fue que me invent√© al Hombre de Anchiano. La actualidad pol√≠tica daba para un post por semana, pero en cierto modo me ve√≠a obligado a contar las cosas que pasaban en el mundo de la ciencia. Finalmente, tras una encuesta en Twitter, por mayor√≠a aplastante decid√≠ redirigir el contenido del blog exclusivamente a eventos relacionados con lo cient√≠fico. La cadencia de publicaciones descender√≠a, pero la calidad -creo- aument√≥. 

Era 8 de abril, dec√≠a. Jam√°s pens√© que mi nuevo entretenimiento tuviera la m√°s m√≠nima repercusi√≥n social, m√°s all√° de algunos retuits del @becarioenhoth cuando era el 50% de @PdeTannhauser. Sin embargo, empec√© a sumergirme en el √©xtasis del conocimiento al enterarme de que en Bilbao, adem√°s de festivales musicales como el BBK Live, hay festivales cient√≠ficos. El evento Naukas Bilbao me sirvi√≥ para creer de nuevo en la humanidad. Gente que ven√≠a -y viene- desde todos los rincones de Espa√Īa a pasar dos d√≠as de charlas-p√≠ldora de 10 min, sobre decenas de tem√°ticas distintas. Gracias a la UPV-EHU por estar detr√°s de algo tan grande. Tan grande, s√≠, que en 2017 se celebrar√° ni m√°s ni menos que en el Palacio Euskalduna porque el aforo y las colas para verlo en el Paraninfo de la UPV-EHU empezaban a ser preocupantes. Con este evento, y gracias a Twitter, he podido conocer gente estupenda con la que al menos una vez al a√Īo me tomo unas ca√Īas o como de pintxos por Bilbao. Cient√≠ficos, profesores, aficionados a la ciencia, youtubers… Y la posibilidad de colaborar con algunas iniciativas tan chulas como la revista Principia Magazine (Gracias Quique) y Scenio (Gracias Javi). Algo impresionante para alguien que, de peque√Īo, so√Īaba con ser astronauta adem√°s de futbolista, y que vio como la vida pasaba sin haber llegado a la mitad de la mitad de lo que pensaba haber hecho, pero viendo como hab√≠a llegado al doble del doble de gente de lo que pensaba aquel 8 de abril.


Era 8 de abril, decía. Bendito 8 de abril. Gracias a todos los anchianibers del mundo.

domingo, 2 de abril de 2017

Ya es primavera en Atapuerca


En esta entrada sobre la excursi√≥n al Museo de la Evoluci√≥n Humana (MEH) que hice en enero con dos amigos, expliqu√© que consideramos que era una temeridad visitar la Trinchera del Ferrocarril en la que est√°n los yacimientos paleoantropoarque√≥logicos que tanta notoriedad han dado a un pueblecito a los pies de la Sierra de Atapuerca. Un pueblo peque√Īo que, dicho sea de paso, adem√°s de las inclemencias del tiempo ha sufrido las del cubismo arquitect√≥nico, m√°ximo exponente de la reciente √©poca dorada inmobiliariamente hablando. Pudiera ser que ese prisma rectangular negro en medio de la nada sirva para que sea localizado m√°s f√°cilmente. No lo tengo claro del todo, la verdad. Pragm√°ticamente hablando: s√≠, ayuda.

Como dec√≠a, tras reservar un d√≠a para Burgos y su MEH en enero, desechamos la opci√≥n de visitar los yacimientos, pensando en que el clima pod√≠a jugarnos una mala pasada. Por eso, exclusivamente, emplazamos la excursi√≥n a Atapuerca para alg√ļn momento de la primavera en el que los cuatro interesados pudi√©ramos cuadrar. Intentamos quedar tambi√©n con Quique (de Principia Magazine) por estar a mitad de camino entre su casa y la nuestra, pero finalmente no pudo ser. As√≠ las cosas, marcamos en el calendario el s√°bado 25 de marzo. La vida a veces no discurre por los derroteros que uno desea, y esta fue una de esas ocasiones. El grupo de WhatsApp para la ocasi√≥n «Atapuercos», pronto dejaba ver que as√≠ ser√≠a. Un pantallazo del or√°culo eltiempo.es activaba las alarmas. «Chavales, abrigaos el s√°bado». El peor fin de semana desde 2016 ser√≠a el nuestro. Qu√© cojones, somos chicarrones del norte. No hay miedo.



Salimos del pueblo a las 7:55h con lluvia, y sin excesivo fr√≠o. El objetivo era estar en el Centro de Acceso a los Yacimientos (CAYAC) de Ibeas de Juarros a las 9:45h. Agradezco desde aqu√≠ a Vredestein la patente de los neum√°ticos de invierno, porque de no ser por ellos probablemente hoy no podr√≠a escribir este post. As√≠, como suena. La nevada que nos pill√≥ a mitad de camino no impidi√≥ que la velocidad no bajase de los 80 km/h. Aparcamos en Ibeas a las 9:47h… prueba superada. Un edificio moderno, con una suerte de millario nos indica que est√°bamos en el lugar correcto. On time. Confirmamos que nos esperan, y subimos al autob√ļs que nos llevar√° a la Trinchera del Ferrocarril. La sierra de Atapuerca, por cierto, no es m√°s que dos lomas elevadas apenas 80 m. sobre la superficie del propio CAYAC.

Unos minutos de autob√ļs para ubicarnos, micr√≥nono en mano, de la mano de nuestro gu√≠a David. Entramos en la trinchera y lo primero que hace es darnos una redecilla para la cabeza sobre la que nos pondremos el casco. Toda precauci√≥n es poca. Como √©l dijo: «El casco es obligatorio, la redecilla no… pero ten√≠ais que haber visto a los que vinieron ayer». Fue una de sus muchas perlas. Siempre digo que la mitad -o m√°s- de la visita a un lugar tur√≠stico depende del gu√≠a con el que toque. Indudablemente, David sabe lo que hace y tiene el culo pelao de explicar, o, mejor dicho, lidiar con alumnos hormonalmente agilipollados que le llegan de todo lo largo y ancho de la geograf√≠a espa√Īola. Para √©l, un grupo de adultos con media docena de cr√≠os es un reba√Īo de ovejas con el que pas√°rselo pipa. Y hac√©rselo pasar a ellos. Lo comido por lo servido.


La Trinchera del Ferrocarril tiene tres paradas. Durante principios del siglo XX, unas voladuras en la piedra caliza dejaron al descubierto ese tesoro paleoantropoarqueol√≥gico. Conviene recordar que mucha gente piensa que los yacimientos est√°n continuamente siendo excavados, pero la realidad es bien distinta. M√°s a√ļn en Atapuerca. Estamos hablando de decenas de miles de restos ya extra√≠dos, y qui√©n sabe cuantos por extraer. Por esa inusual particularidad, los cient√≠ficos tan s√≥lo excavan durante un mes y pico al a√Īo, y se pasan el resto del a√Īo en el laboratorio analizando lo encontrado. Muestras, informes, hip√≥tesis, confirmaciones… nada que ver con Indiana Jones y su camisa resudada corriendo delante de una bola de piedra gigante. A d√≠a de hoy, casi 300 personas al a√Īo entre becas, doctorandos y cient√≠ficos con experiencia dedican su esfuerzo a buscar restos que sigan asombrando al mundo, literalmente hablando. Como buena trinchera, espero que no teng√°is la suerte de que nieve y haga viento y fr√≠o. Aprendimos un mont√≥n, pero de 365 d√≠as que tiene el a√Īo, digamos que a lo mejor pod√≠amos haber disfrutado m√°s. No me extender√© en la explicaci√≥n de David en cada una de las tres «estaciones» para que lo descubr√°is por vosotros mismos si ten√©is la oportunidad de visitarlo.

La primera de ellas es la Sima del Elefante, donde se ven perfectamente los estratos y la estructura de «queso Gruyere» del terreno. El tiempo se mide en cientos de miles de a√Īos, y se han encontrado especies de todo tipo. Desde el elefante que le da su nombre hasta restos de ave, oso, cabra e incluso restos de hom√≠nido. A d√≠a de hoy se han encontrado una falange y una mand√≠bula de un tipo de Homo, a√ļn por identificar. En diferentes estratos se han encontrado herramientas de Modo 1 -en los niveles m√°s bajos- y de Modo 3 -en los m√°s superficiales-. Est√° confirmado geol√≥gicamente que hay tierra de hasta 1,2 millones de a√Īos, y que que la macro y microfauna desenterrada en la sima es de hace unos 250.000 - 350.000 a√Īos. En este punto ten√≠amos todo m√°s o menos enfocado, y lo cierto es que el fr√≠o no era el mayor de nuestros problemas. O s√≠.

En la segunda parada, la Galer√≠a, nos explica qu√© diferencias hay entre algunas de las diferentes herramientas encontradas ah√≠ (Modo 2, es decir, m√°s elaboradas que las de sus antecesores), y tambi√©n que es el lugar donde aparecieron los restos de Homo Heidelbergensis, as√≠ como de multitud de fauna. Esa gran cantidad de restos animales hace pensar que ser√≠a una trampa natural; una de las razones para pensar eso es que los «jamones» de los animales grandes encontrados no estaban all√≠ junto al resto de huesos, sino en la Gran Dolina -a escasos 50 metros-. Comprende desde los 180.000 hasta los 500.000 a√Īos. Los datos se grababan en nuestras cabezas a pesar de que empezaban a caer los primeros copos de aquel d√≠a…

En la √ļltima parada, la Gran Dolina, nos explica c√≥mo consiguieron datar los restos a partir del estrato donde est√° reflejada la inversi√≥n magn√©tica Bruhnes-Matuyama. Esto es, cuando la polaridad de la Tierra cambi√≥ por √ļltima vez, hace ahora unos 780.000 a√Īos. Interesante historia sobre c√≥mo se demostr√≥ que as√≠ fue… e inquietante lo que pasar√≠a si hoy tuviera lugar una reversi√≥n como aquella. Se han desenterrado elementos de divers√≠simos animales herb√≠voros y carn√≠voros, aunque de momento no ha aparecido ning√ļn hom√≠nido, las herramientas encontradas son tambi√©n de los Modos 1 y 3, y la antig√ľedad data entre 500.000 y 300.000 a√Īos. La ubicaci√≥n de esta zona en la trinchera nos hizo sufrir los soplidos de Eolo, aunque aguantamos estoicamente gracias a los chistes con los que David interact√ļa con los visitantes.

Terminada la hora y media en la Trinchera del Ferrocarril, nos dirigimos en autob√ļs al punto de partida, y desde donde nos indicaron c√≥mo llegar hasta el Centro ARqueol√≥gico EXperimental (CAREX) situado a varios kil√≥metros de all√≠. Un cubo negro visible desde el cruce de la general. En su interior nos encontramos un recorrido sobre las «caba√Īas», la dieta, los primeros instrumentos… En ese punto empezaba otra hora y media de tempestad f√≠sica amainada con claroscuros de conocimiento. La explanada al lado del edificio contiene una serie de localizaciones en las que se explica la prehistoria y nuestra evoluci√≥n dentro de ella. C√≥mo se hace un bifaz, unas pintadas prehist√≥ricas, rituales funerarios, lanzamiento de lanzas y flechas, agricultura y, c√≥mo no, los diferentes y sorprendentes m√©todos para obtener fuego. Nosotros esperamos a la primavera porque pens√°bamos que ambas visitas ser√≠an mucho m√°s agradables meteorol√≥gicamente hablando de lo que realmente fueron: con viento norte y nevando no se disfruta igual. Eso es un hecho, y por esa misma raz√≥n creemos que la labor del gu√≠a fue fundamental para que nuestra percepci√≥n no bajase enteros. Gracias a David por aquella ma√Īana, y a los socios que aportan el 98% de la financiaci√≥n privada para que las excavaciones sigan su curso.

Mi √ļnico pero, y quiz√° no deba ponerlo al final porque puede que la gente se quede s√≥lo con eso, tiene de fondo lo que dec√≠a mi profesor de f√≠sica en el instituto. √Čl siempre llevaba un term√≥metro en su malet√≠n, y tras d√©cadas de experiencia docente, sosten√≠a que los alumnos no eran capaces de asimilar conceptos por encima -creo recordar- de los 25¬ļC y por debajo de los 15¬ļC. Ni corto ni perezoso sacaba el term√≥metro y se marchaba de clase si la temperatura no estaba entre esos dos valores. Por eso, y por lo que las inclemencias del tiempo le hacen al sitio en cuesti√≥n, creo que hay cosas del circuito exterior que podr√≠an explicarse dentro del edificio. Aunque sea en momentos puntuales del a√Īo (bien por exceso de calor o de fr√≠o), se agradecer√≠a una mini-piscina de piedras de r√≠o y las herramientas para pintar, o la explicaci√≥n de los rituales y la de la fauna en el interior, de manera que la hora y media a la intemperie se convierta en media, algo mucho m√°s soportable. Estoy seguro de que no soy el primero que dice algo as√≠, y tambi√©n de que es todo cuesti√≥n de presupuesto, porque si no tampoco se entiende que tan s√≥lo haya una m√°quina de caf√©, en lugar una mini-cafeter√≠a.


Dicho esto, y a pesar de ello, ambas excursiones son realmente apetecibles y gratificantes. Mi m√°s sincera enhorabuena a la Fundaci√≥n Atapuerca y a la brigada de gu√≠as que transmiten tan amenamente los contenidos de miles y miles de horas de estudio cient√≠fico. Y, por supuesto, ¡MUCHAS GRACIAS! Volver√©, aunque s√≥lo sea por la sopa castellana y el lechazo que nos apretamos despu√©s en la capital...