domingo, 11 de febrero de 2018

Once niñas


Hoy, 11 de febrero, se celebra el día la Mujer y la Niña en la ciencia. Así, de primeras, puede parecer un poco sesgado, pero mi pasotismo para con las etiquetas es tal que he decidido sacar lo positivo del tema, sin entrar a valorar otra cosa que no sea el verdadero motivo de la NECESARIA efeméride. Soy de los que dice que habremos llegado a buen puerto cuando no haya que celebrar “Días de”. 

A menudo nos conocemos los logros de personas eminentes, de puro oírlos cientos de veces. No importa su sexo, raza o religión, porque lo que trasciende es otra cosa. Podemos hablar de esos logros… que siempre habrá una opinión discordante que saque a colación esos "sexo, raza o religión", el ser humano es así, y en Twitter todavía más. Esto aplica incluso al feminismo más radical, a que Elon Musk haya mandado su coche al espacio, o a que la gala más feminista de los Goya la hayan presentado dos chicos. Siempre hay gente enfadada. Pero lo de hoy es otra cosa. O al menos debe serlo.

Para el tema de hoy, he pensado en hacer algo que no sé si se ha hecho alguna vez. Si alguien lo ha hecho, enhorabuena. Si no, ser el primero no me hace mejor. Al contrario, me parecería mal serlo. Es probable que todas las personas que lean esto sepan de quién estoy hablando sin llegar al final del primer párrafo, pero bueno, that´s life… Lo que os propongo es averiguar qué científica se esconde detrás de cada fragmento antes de ir al final del post a ver las soluciones. He pensado en hacerlo así de neutro para que veáis que dan igual las durísimas condiciones de vida de la infancia de -hoy- ILUSTRÍSIMAS mujeres  o la erudita formación recibida en alta cuna. Dan igual. La realidad de cada niña es que con el paso del tiempo y la formación suficiente -con o sin hombres de por medio- fueron capaces de deducir, descubrir, argumentar o mostrar cosas que los hombres no habían podido. Incluso peor, algunos de ellos se apuntaron el tanto que ellas habían marcado, aprovechándose de la posición social que desde tiempo inmemorables el hombre tiene con respecto a la mujer. Sin más dilación, vamos allá. Estas son las historias de algunas de las niñas que nos abrieron los ojos. Sólo sus infancias. He elegido a 11 por la idea de @11febreroES de poner el límite en algún sitio. (Gracias por la sugerencia).

Año 1670. Nació en Leipzig (Alemania), y el pensamiento de su -influyente- padre (ministro luterano) sobre la igualdad la hizo ser educada en las artes y las letras. Desde muy pronto se interesó por la astronomía, y de joven le permitieron ser estudiante y ayudante de un astrónomo autodidacta que trabajaba por el día como granjero. La astronomía en el siglo XVII alemán se realizaba fuera del ámbito universitario.

Año 1706. Nació como la única hija de seis hermanos en París. Fue la única mujer entre seis hermanos, de los que solo otros tres sobrevivieron hasta la edad adulta. Su padre era barón, con «b» y presentaba embajadores de todo el mundo a su rey, Luis XIV. Un hombre culto, en contacto con filósofos, científicos y matemáticos, decidió dar a su hija la misma educación que a sus cinco hermanos. Con 10 años había devorado ya algún clásico y estadiado matemáticas y metafísica. A los 12 hablaba inglés, italiano y alemán, y traducía textos del latín y el griego. Su educación fue exquisita a pesar de no haber ido a colegios o universidades para hombres. Además, tocaba el clavecín y recibió clases de esgrima, equitación y gimnasia… territorios todos ellos -casi- vetados para las mujeres. Sin embargo, su pasión era la matemática.

Año 1750. Nació en Hanover. Era el octavo nacimiento y la cuarta hija. Su padre era oboísta; se convirtió en director de orquesta de la Guardia y estuvo fuera con su regimiento durante períodos sustanciales. Enfermó después de la Batalla de Dettingen en 1743 y nunca se recuperó por completo. Solo una de sus hermanas sobrevivió junto con ella, pero se casó cuando ella tenía cinco años, lo que hace suponer que a la menor se le encomendaron la mayor parte de los trabajos domésticos. Ella y los otros niños recibieron una educación superficial, aprendieron a leer y escribir y poco más. Su padre intentó educarla en casa, pero sus esfuerzos fueron en su mayoría exitosos con los niños. A los 10 años, fue golpeada por el tifus, lo que impidió su crecimiento, eso le frenaría su desarrollo normal. Además, sufrió pérdida de visión en su ojo izquierdo como resultado de su ello. Su familia asumió que nunca se casaría y su madre sintió que era mejor para ella prepararse para ser una criada en lugar de educarse, oponiéndose a los deseos de su padre. Su padre a veces aprovechaba la ausencia de su madre para enseñarle directamente o incluirla en las lecciones de su hermano, como el violín. Se le permitió, eso sí, aprender a hacer vestidos, pero poco… Veréis por qué: aunque aprendió a hacer bordados de un vecino, sus esfuerzos se vieron obstaculizados por largas horas de tareas domésticas. Para evitar que se convirtiera en institutriz y obtener su independencia de esa manera, se le prohibió aprender técnicas de costura francesas o más avanzadas que las que podía obtener de los vecinos. Después de la muerte de su padre, dos de sus hermanos le propusieron que se uniera a ellos en Inglaterra para tener un período de prueba como cantante para las actuaciones de la iglesia de uno de ellos. Finalmente dejó Hanover el 16 de agosto de 1772 después de la intervención de su hermano con su estricta madre. En el viaje a Inglaterra, se introdujo por primera vez a la astronomía a través de las constelaciones y las tiendas de ópticos. Asumió las responsabilidades de administrar la casa de su hermano y también comenzó a aprender canto. Aprendió a tocar el clavicémbalo, y eventualmente se convirtió en una parte integral en las actuaciones musicales de su hermano en pequeñas reuniones. No se mezcló con la sociedad local e hizo pocos amigos, pero tomó lecciones regulares de canto, inglés y aritmética de su hermano, y lecciones de baile de un maestro local.

Año 1815. Nació en Londres, y un año después su madre la separó para siempre de su padre, nada más y nada menos que el poeta Lord Byron, mientras este dormía. Se instalaron en Seaham, Durham. La criatura era famosa en la sociedad británica como, por ejemplo, la hija de Isabel Preysler: por culpa de que su padre fuera famoso… e infiel. Su madre quería darle una educación exquisita y no le dejaba juntarse con niños, así que su niñez la pasó con adultos… o sola. Con sólo 4 años ya tenía institutrices. A los 8 años daba música a las 10 a.m., leía francés a las 11.15 a.m., aritmética a las 11.30, a las 13.30h hacía ejercicios, a las 15.15 leía francés otra vez y las 16.30 acababa con tareas de francés. Fue criada en el sistema “recompensa-castigo” y enfocada a las matemáticas que tanto gustaban a su madre. Conoció a Mary Somerville, que acabaría convirtiéndose en una gran influencia. También conoció a personajes de la talla de Michael Faraday o Charles Dickens. Tuvo mala salud, sufrió muchas de las infecciones infantiles y le dolía la cabeza frecuentemente. A los siete años contrajo una enfermedad grave, que la mantuvo postrada durante meses. Y a los catorce quedó paralítica de las piernas debido a un sarampión, lo cual hizo que dedicara largas horas al estudio y a la lectura.

Año 1850. Nace en Moscú, pero pasa su infancia en Palibino (Bielorrusia). Amaba desde niña la lectura y la poesía porque se sentía poeta en su interior. Además de su hermana, dos de sus tíos influyeron notablemente en su vida. Uno de ellos, un auténtico amante de la lectura, que aunque no era matemático, le apasionaba esta ciencia; su otro tío le enseñaba ciencias y biología. A menudo se sentaba en un banco del patio para ver oscilar con el oleaje provocado por el viento una pelota sobre un estanque, quedándose sumergida en sus pensamientos matemáticos. Bajo la guía del tutor de su familia, Y. I. Malevich, comenzó sus primeros estudios reales de matemáticas. A los trece años empezó a mostrar muy buenas cualidades para el álgebra. Por esa época escribió: «Comencé a sentir una atracción tan intensa por las matemáticas, que empecé a descuidar mis otros estudios». Pero su padre, a quien le horrorizaban las mujeres sabias, decidió interrumpir las clases de matemáticas de su hija. Aun así ella siguió estudiando por su cuenta con libros de álgebra. Pidió prestado un ejemplar del Álgebra de Bourdeu que leía por la noche cuando el resto de la familia dormía. Así, aquello que nunca había estudiado lo fue deduciendo poco a poco. Un año más tarde, un vecino, el profesor Tyrtov, presentó a su familia un libro del que él era autor y ella trató de leerlo. No entendió las fórmulas trigonométricas e intentó explicárselas a sí misma. A partir de los conocimientos que ya tenía, explicó y analizó por sí misma lo que era el concepto de seno tal y como había sido inventado originalmente. Un profesor descubrió sus facultades, y habló con su padre para recomendarle que facilitara los estudios a su hija. Al cabo de varios años su padre accedió y así comenzó a tomar clases particulares.

Año 1867. Nace en Varsovia la quinta hija de Władysław, profesor de Física y Matemáticas, y de Bronisława, maestra, pianista y cantante. Sus padres habían perdido todo por motivos políticos, por lo que tuvo una infancia dura. Su hermana y ella acudieron clandestinamente a clases para no perder esa identidad polaca, con Polonia convirtiéndose a la fuerza en parte de Rusia. Fue esa opresión rusa la que acabó con Marie y sus hermanos aprendiendo a utilizar en su casa los aparatos e instrumentos de laboratorio que su padre retiró de los dos institutos en los que impartía clases. Después de eso fue degradado, reduciendo la cantidad de dinero que llevar a casa. Una -otra- mala inversión les hizo perder lo poco que les quedaba y se vieron obligados a usar su hogar como alojamiento nocturno de niños. A los diez años perdió a su madre de tuberculosis y a una hermana, por contagio de tifus de uno de esos niños. También perdió la fe en Dios después de eso. Internada en un instituto para niñas se graduó en 1883 con matrícula de honor, pero al año siguiente, probablemente deprimida, fue enviada a la campiña con unos parientes. Como era mujer, no pudo matricularse en una educación superior reglada. Ingresó con otra hermana en una universidad clandestina…

Año 1878. Una familia judía que posteriormente se convertiría al cristianismo tiene una nueva unidad. Hacía poco que el Kaiser Franz Josef había concedido a los judíos la igualdad cívica con los austríacos y por eso su padre pudo estudiar y ejercer la abogacía. Esa situación, en aquella época, permitió que sus hijos pudieran elegir estudiar y continuar con esa profesión. Sin embargo, ella terminó la escuela pública a los 14 años y no podía cursar estudios universitarios… por ley. No hace tanto, ¿eh?. Tuvieron que cambiar esa ley para que hubiese suficiente personal sanitario que pudiera atender a las mujeres musulmanas de las zonas ocupadas de Bosnia y Herzegovina. Ahora ya sí que pudo estudiar una carrera de ciencias, y fue una de las cuatro personas que aprobaron el Matura (nuestra Selectividad).

Año 1882. Nace en el seno de una familia judía, siendo la primogénita de los cuatro hermanos. Su primer nombre era Amalie, por su padre y abuela materna, pero comenzó a usar su segundo nombre al convertirse en una jovencita. Durante su infancia, era corta de vista y hablaba con un leve sigmatismo, pero para nada era corta de mente: un amigo de la familia contó una anécdota años más tarde sobre la pequeña, en la que resolvió con rapidez un acertijo en una fiesta infantil, apuntando ya su capacidad para la lógica a temprana edad. Le enseñaron a cocinar y limpiar - como se acostumbraba con las jóvenes de su época, y recibió lecciones de piano, sin aplicarse con excesiva pasión a ninguna estas actividades, aunque le gustaba bailar.

Año 1920. Nace en 500 Chepstow Villas, Notting Hill. Hija mayor de un acaudalado banquero mercante catedrático, y con un tío-abuelo que había sido ministro de interior y el primer judío practicante en el Gabinete Británico. Luchó por los trabajadores y también por el sufragio femenino. Esa posición permitió a su familia asesorar a los judíos refugiados en Europa que escapaban de los nazis. Desde pequeña, con unos seis años, demostró tener habilidades por encima de la media. Su tía le dijo a su esposo que era «inteligente de manera alarmante» porque sumaba perfectamente. En la Escuela Lindores para señoritas donde ingresó con 9 años destacó en ciencias, latín y, también, deportes. Aprendió alemán y francés. En 1938 se matriculó, y consiguió una beca para la universidad, la Beca de Fin de Estudios (School Leaving Exhibition), de 30 libras esterlinas al año durante tres años, cinco libras esterlinas de parte de su abuelo. Su padre le pidió que cediera la beca a un estudiante refugiado que lo mereciera.

Año 1928. Nace en Filadelfia en el seno de una familia de inmigrantes judíos y se mudaron a Washington D. C. cuando ella tenía unos 10 años. Fue por esa época que empezó a mostrar interés por la astronomia. Su padre, Philip Cooper, fue un ingeniero eléctrico lituano y su madre, Rose Applebaum, originaria de Besarabia, trabajó para la Bell Telephone Company calculando el millaje para líneas telefónicas. Tenía una hermana mayor, quien fue jueza administrativa en el Departamento de Defensa de los Estados Unidos.

Año 1943. Nace en Belfast (Irlanda del Norte). Con un padre arquitecto -de un planetario, entre otras cosas- que la animó a leer lo que él tenía en su biblioteca particular, ella se interesó por los libros de astronomía. Con 11 años no aprobó el examen 11+ y sus padres la mandaron a la Mount School en York (UK), un centro cuáquero para chicas. Acabó en las universidades de Glasgow y Cambridge.

Todas ellas fueron niñas antes de dar el paso a la madurez y contribuir enormemente a la Humanidad con sus actividades dentro del mundo científico. De más alta o más baja cuna, aportaron lo que pudieron a la causa de la Ciencia en diversísimos ámbitos. Para los hombres es un auténtico lujo poder contar con millones de almas más que estudien, divaguen, analicen, divulguen, acepten o rechacen hipótesis y no podemos permitirnos no aprovecharlo.

Las niñas tienen que saber que contamos con ellas por muchas razones, y la primera de ellas es porque todas son, al menos, como los hombres. Lamentablemente, hoy en día hay quien cree que no es así, no es culpa suya. Es culpa de los siglos y siglos de desatención al sexo femenino, enfocado todo desde la perspectiva de la fuerza física y social.

Vidas duras en muchos casos y no tanto en otros, pero con un denominador común: interés por la Ciencia en casa. Porque los niños y las niñas hacen lo que ven en casa, salvo algunas excepciones. No dejéis de llevarles a museos, excursiones a la Naturaleza, introducirles a la lectura y, en definitiva, no permitáis que el único momento de sus semanas en los que estén en un entorno de ciencia sea exclusivamente dentro de las paredes de sus colegios. Este consejo sirve también para los niños. La sociedad avanza en la medida en la que sus pequeños son educados fuera de los miedos que otros ámbitos introducen como mantras desde dioses que castigan, pseudociencias como horóscopos, TV basura… sacándoles de la carretera del pensamiento crítico. Un lujo que no nos podemos permitir.

En este post, y por orden cronológico, os he contado lo que he podido encontrar sobre cómo fueron las infancias de María Margarethe Winkelmann, Émilie du Châtelet, Caroline Herschel, Ada Lovelace, Sofia Kovalévskaya, Marie Curie, Lise Meitner, Emmy Noether, Rosalind Franklin, Vera Rubin y Jocelyn Bell.

viernes, 17 de noviembre de 2017

El Planetario de Madrid a la velocidad de la luz


Salí de la oficina, me acerqué al hotel a dejar algunas cosas y me embarqué en la línea que une Alcalá de Henares con Atocha. Dos transportes públicos después y una llamada previa a @ProyectoKennis para encontrar la puerta que con mi nula orientación ni mirando en Google Maps encontraba;  llegué hasta donde me dijo. Por fin. La primera sorpresa, en la entrada. Era miércoles y no nos acordábamos de que era gratis. Empezaba bien la visita al Planetario de Madrid. Había leído por ahí que se proyectaban videos non-stop, que había exposiciones, que la remodelación de la cúpula había sido a mejor... Yo no había estado nunca, así que no tenía con qué comparar. No obstante, he de decir que no me quejo de nada más que de mi corta estancia... y eso sólo es culpa mía.

En la recepción nos da la bienvenida el proyector que antes iluminaba los viajes al espacio de los que miles de personas disfrutaron en la cúpula antes de la remodelación del pasado verano. Un poco más adelante, en la Zona Audiovisual, nos reciben una serie de fotografías de la fabulosa colección «Los colores del cielo profundo» de Rogelio Bernal Andreo (mundialmente reconocido astrofotógrafo), en las que se nos habla de algunas imágenes del Universo en sus diferentes apariencias, métodos, colores… Os dejo unas cuantas fotos para que valoréis vosotros si es algo que merezca la pena ver o no. Yo creo que sí, y mucho. También ahí se reproduce de manera ininterrumpida el documental «Nuestro lugar en el Universo». Yo no tenía tiempo para verlo, así que poco o nada os puedo decir sobre él. 


Todavía asombrados con la belleza del Universo y el nivel de detalle que habíamos visto en las fotos, abandonamos la zona camino del auditorio de la cúpula. Llegábamos a última hora con la única posibilidad de ver allí el documental «Spherium», y sinceramente admito que, después de los trailers, me quedé con las ganas de ver «Dark Universe», pero la proyección era a las 17.30h.; demasiado pronto para mi apretada agenda. Sobre el documental, mejor verlo para opinar. El trabajazo de diseño asistido por ordenador y el guión que tiene que tener detrás el documental es para quitarse el sombrero, por cómo introduce  y encadena conceptos que solo los iniciados podrían entender si no se explica. Si acaso, y a tenor de que (al menos cuando estuvimos) había mucho niño entre la audiencia, a lo mejor la incursión en la física cuántica se les pudo hacer un poco bola, como la carne. Pero vamos, que con preguntar y/o desconectar durante ese rato lo tienen hecho y seguro que aprenden un montón sobre otras muchas cosas de las que se habla: sistemas binarios, planetas errantes, condiciones de habitabilidad, viajes interestelares y, lo que considero más importante, el concepto, la concienciación de que por no cuidar la Tierra se han tenido que buscar otro lugar y llevarse una pareja de cada especie para repoblar el siguiente destino. Me parece muy bien hilado todo, la verdad. 


Salimos de la cúpula para ver qué podía ofrecernos la planta inferior del edificio, y lo cierto es que no decepciona en absoluto. El primer espacio, el vestíbulo de la planta baja, está habilitado para todas esas contribuciones de la Agencia Espacial Europea (en inglés, ESA) que hemos seguido durante años. Infografías, modelos, vídeos como el descenso de la Huygens sobre la superficie de Titán -la luna más grande de Saturno-, la Rosetta que dejó caer a Philae sobre el cometa 67P Churyumov-Gerasimenko hace poco más de tres años, las misiones a Marte y Venus, la Estación Espacial Internacional, la misión Gaia… Después de sentirse uno orgulloso de lo que el ser humano ha sido capaz de hacer por no dejar de preguntarse cosas, entra en la Sala de los Astrónomos en la que una serie de experimentos expuestos nos intentan concienciar sobre la realidad del Cambio Climático, así como de qué manera ha afectado a diferentes etapas de nuestra historia. Esas demostraciones interactivas están acompañadas con fósiles cuidadosamente seleccionados en relación al tema que ocupa la exposición. Los experimentos hacen las delicias de los pequeños, y no tan pequeños. Inevitable no jugar con el efecto Coriolis cruzando los chorros al cambiar el sentido de giro o meter la mano en el bloque de hielo que nos recuerda de una manera peculiar el cambio climático al que nos veremos abocados de no cambiar drásticamente las cosas en cuestión de emisiones.


Son las 19.45h y uno de los encargados de sala nos insta a abandonar el recinto por ser ya la hora límite, cosa que, de alguna manera, es una cruel metáfora de lo que nos ocurrirá a los seres humanos como especie si sobrepasamos el punto de no-retorno, tal y como se trata también -y tan bien- en el documental «Spherium». Así acabó nuestra fugaz visita y, humildemente, sólo puedo agradecer al Planetario de Madrid (@PlanetarioMad) su labor para recordarnos que entre todos podemos hacer que el mundo sea un lugar un poco mejor, y a @ProyectoKennis que posara sin saberlo para la última imagen, que hiciera de guía no sólo ahí, sino por mis ratos en la capital... ¡Volveré! 

domingo, 5 de noviembre de 2017

El MAN a salto de mata




Una de las cosas buenas y malas a la vez que tiene Madrid es la inabarcable oferta cultural. Para gente sin mucho tiempo, como era mi caso, implica además la compleja diatriba de sacrificar unas visitas para poder realizar otras. Ni siquiera a toro pasado puedo asegurar que acertara, ya que no he visto las sacrificadas. No puedo más que congratularme de haber podido disfrutar las elegidas, eso sí. Entre ellas se coloca la ABSOLUTAMENTE IMPRESIONANTE exposición del Museo Arqueológico Nacional, para los amigos, el MAN. Y para los tuiteros, el @MAN_arqueologico.

En mi decisión de aquel día fue determinante que, de todos los días del mes de octubre que estuve en Madrid, ese en concreto fue el único en el que llovió. Mucho o poco, pero lo justo para desanimarme en otras aventuras… Así, llegué a la estación de Recoletos después de media hora larga de viaje, sabedor de que ya andaba apurado de tiempo. Eran alrededor de las 18.30h. Un saludo a la Biblioteca Nacional desde la puerta y a todo trapo hacia la parte opuesta para llegar a la entrada del MAN.

Tenía una hora escasa para ver algo de lo que estaba desgraciadamente seguro que necesitaría dos o tres horas, durante dos o tres días. Necesitaba ser resolutivo, así que le di la vuelta al panfleto informativo que cogí en el mostrador de información y me vi obligado a elegir apenas dos o tres entre los «10 imprescindibles» que hay que ver allí. Y, claro está, añadir cualquier cosa que me pegara al ojo mientras iba de uno a otro. 

Nada más entrar te das de bruces con una reproducción de Lucy, el Australopitecus afarensis más famoso del mundo. Un homínido datado entre 4 y 2.9 millones de años, del que se ha llegado a analizar hasta la causa de la muerte (probablemente, por las heridas producidas al caer desde un árbol). En esa planta tenemos la posibilidad de ver todo lo que hay sobre Prehistoria. Fósiles, herramientas, cerámicas, vídeo-guías, paneles explicativos… Continúas el recorrido marcado de sala en sala para salir poco a poco de los vestigios más antiguos y dejas atrás explicaciones muy interesantes sobre las diferentes épocas o recreaciones como la del ajuar funerario. Llegas a la Edad de Bronce (entre el 1700 y el 800 a.C.) y, de entre todas las cosas que vi, me llamó especialmente la atención este peine maravillosamente tallado en madera. De unos 5x5x0,5 cm. Un poco más allá, entre artilugios de la Edad de Hierro, mi mirada se detiene frente a este disco de bronce de aproximadamente 20 cm de diámetro que resulta ser un escudo de algún momento entre los siglos V-IV a.C. Saqué la foto porque estamos acostumbrados a escudos enormes, de materiales muy diversos… pero en mi vida había visto en directo uno así de pequeño, ni de ese característico color verdoso. También de la Edad de Hierro me encontré esta parrilla de un asador de la cultura Vettona, utilizado para sus barbacoas durante los siglos IV-III a.C., y de camino a ella me detuve en la tinaja de cultura sedetana del siglo II a.C. que se encontró en Cabezo de Alcalá (Teruel).







Desde lejos. Sola en el medio de la estancia, la Dama de Elche descansa tranquila sin saber que es el motivo principal de visita al museo. O uno de ellos, al menos. Una pieza de piedra caliza  datada entre los siglos V-IV a.C. encontrada el 4 de agosto de 1897 por Manolico, un chaval de 14 años, mientras se realizaba un desmonte en una finca de La Alcudia. La figura tiene un rasgo característico de la época en la parte de atrás: un hueco en el que muy probablemente se alojaban reliquias u objetos. Podría extenderme sobre el tema, más allá del percance con la hormiga de hace unos meses, pero no es el objetivo de este post. Para más info, podéis encontrar ríos de tinta sobre ella en Google. Nos hicimos un selfie, claro. :)



Saliendo de la Protohistoria, viajamos a la Hispania Romana. Cerámicas, gladius y demás enseres, junto con mosaicos pequeños; y mosaicos enormes suspendidos en la pared, como si de los pequeños que están en el corredor anterior se tratara. Una preciosidad… como la escultura de Livia, esposa de Augusto, con un manto hecho al detalle. Aunque para detalles, los de los techos abovedados del medievo en Al-Andalus. Artesanía pura. 


El tiempo se acababa y a cada sala que entraba notaba cómo con toda la razón del mundo la sonrisa y los ojos de los trabajadores del museo me preguntaban sin palabras «¿Qué horas son estas?». Yo devolvía la sonrisa con un «Hola», que seguramente podían interpretar como un «Sí, sí, ya lo sé. Tienes razón, pero te dejo que si no sí que no me da tiempo». Subí a ver lo que había de Egipto y Grecia porque son dos de mis pasiones. Me quedé boquiabierto con el Heracles, y disfruté observando con atención las historias contadas en las ánforas griegas que tantas veces he visto plasmadas en los libros; pero, de todas las cosas, el vaso egipcio y las figuritas azules (que no están en el hilo) me hicieron retrotraerme a algún momento de hace 5000 años en el que alguien hizo eso con el mayor esmero que pudo, sin tener ni idea de que miles de años después su trabajo sería enseñado a generaciones y generaciones de personas a las que su día a día les interesaba porque les hacía sentirse partícipes de la misma Humanidad a la que él perteneció.

Como he dicho al inicio, era consciente de que esta visita sería un aquí te pillo, aquí te mato… y por eso me alegro de que en un futuro podré ver con más detenimiento la totalidad de las salas, con la totalidad del tiempo necesario; sin miedo a no saber qué me estoy perdiendo gracias a esta primera toma de contacto. Prehistoria, Protohistoria, Hispania Romana, Antigüedad Tardía, Mundo Medieval Al-Ándalus, Mundo Medieval Reinos Cristianos, Edad Moderna, Oriente Próximo, el Nilo, Egipto, Nubia y Grecia. Además de un breve resumen de la historia del museo y un corredor dedicado a la numismática y otras curiosidades. Visita MUY recomendable.

Si eres usuario de Twitter, puedes ver toda mi experiencia en El Arqueológico en este enlace del que fue mi primer «hilo» (tweets concadenados a modo de respuesta. Cada uno, del anterior).



domingo, 17 de septiembre de 2017

En #Naukas17 aprendí…

Foto: @xurxomar
Que la quimiofobia, aunque sea algo muy serio, puede hacerte llorar de risa.
Que los transposones a veces aterrizan en el lugar equivocado y nos hacen una pequeña putada.
Que no es persona todo lo que parece… y menos en twitter.
Que la Cassini ha dejado un legado abrumador en términos científicos.
Que hay que tener cuidado con las dietas de carbono.
Que hay muchas maneras de gestionar anuncios fatales siendo médic@.
Que el espín tiene rotación y traslación. ¿O no quedó claro? XD
¡Que la física es la leche!
Que el humor puede ayudar a divulgar sobre el cambio climático.
Que no son prótesis todas las que lo parecen. Hay órtesis.
Que el traje de Armstrong iluminó indirectamente al de Aldrin en la Luna.
Que Jane Marcet concibió el formato Q&A como método de aprendizaje para mujeres.
Que las bacterias también se vacunan.
Que a FitzRoy le metieron un buen gol.
Que hay que patentar más, leñe. 
Que no por más antiguo el arte tiene más valor.
Que la ciencia-ficción ha influido a veces en la ciencia real.
Que la pirámide alimenticia de los envases es un lobby con piel de cordero.
Que las máquinas pueden provocar asombro y enfado.
Que cuanto más se reduzca el número de susceptibles de infección, más difícilmente se propagará una enfermedad.
Que la aceleración de la gravedad aplastaría a los alienígenas contra la pared del ovni.
Que hay algo más que un vínculo entre madre y feto.
Que un umbráfilo es alguien que busca los eclipses, para verlos.
Que los neandertales usaban mondadientes.
Que la magia es un conglomerado de movimientos.
Que todo lo que tiene carbono, arde.
Que podía haberse dado el caso de que tres generaciones ganaran un Nobel, pero no.
Que en el siglo XIX un aristócrata no podía tener la culpa de un fallo fatal.
Que se puede defender un monólogo ante un auditorio hasta la bandera con 16 años.
Que Franco guardaba una tesis doctoral de Agustina en un baúl. INVENT.
Que a Marte hay que llevarse una rebequita para las noches.
Que en pocos años, se ha más que duplicado el número de áreas del cerebro a estudiar.
Que no hay nada como estar con tu madre para resolver algo que no tenía solución hasta entonces.
Que la historia ha maltratado hasta puntos inimaginables el papel de las mujeres en la ciencia.
Que las verdades irrefutables en materia de alimentación son de todo, menos verdades.
Que ni caliente para los hombres, ni frío para las mujeres, ni viceversa.
Que Freud… Nada. Mejor lo dejamos.
Que cada bolsa de plástico que no llegue al mar, salvará una tortuga.
Que la música de viento y la física van de la mano.
Que Juego de Tronos puede aplicarse al cambio climático.
Que el SIDA no tiene vacuna (aún), pero que se ha avanzado muchísimo desde su detección.
Que la mecánica cuántica se puede divulgar bajo el paraguas del humor.
Que, con algún matiz, la cafeína y la teína son básicamente la misma molécula.
Que en el hiperbucle será necesario llevar pañales.
Que no hay que comprar especies invasoras aunque las vendan.
Que una nueva manera de enseñar es posible. Incluso con Pikatxu.
Que los de Bilbao nacemos donde queremos, y eso incluye Murcia.
Que de la misma manera que no creeríamos que Messi fiche por el Athletic, no nos creamos todo lo que veamos en internet sobre astronomía.
Que la falacia ad hominem ya no se lleva, aunque algunas lo intenten.
Que el término “cuarentena” está asociado a la época antigua, donde el número 40 estaba muy presente.
Que el anticiclón de las Azores es una mezcla de casualidad y causalidad.
Que los cerebros de hombres y mujeres se parecen más de lo que se diferencian.
Que, puestos a usar campos de fútbol, también se puede establecer el Neymar como unidad de medida.
Que hay gente cuyas conversaciones están varios campos de futbol por encima de la media.
Que hay que ver el cielo del hemisferio sur al menos una vez en la vida.
Que los insectos vuelan por el mismo principio que los aviones, o casi.
Que hay 36 ceros después de la coma, y un uno.
Que los andinos evolucionaron hacia el hematocrito y los tibetanos hacia la eficiencia respiratoria.
Que los nombres de los medicamentos son de todo, menos casuales.
Que el Quimicefa era un juego de niños, en el sentido más figurado de la expresión.
Que nuestra vida discurre por un espectro de escala de grises del cáncer. No es blanco o negro.
Que la juventud viene pegando fuerte y con nuevas tecnologías, como debe ser. Que hay esperanza.

Y que, además, lo mejor está por venir. Hasta #Naukas18.


Puedes encontrar todas las charlas del evento aquí.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Gracias, Cassini-Huygens

Explicaciones atribuidas a cosas inexplicables. Y aceptadas por todos. No ha cambiado mucho el cuento desde la Antigüedad hasta hoy. La mitología está plagada de relatos fantásticos con héroes haciendo cosas maravillosas, pero también con dioses perpetrando maldades que permitieran explicar la realidad. Era su manera de ubicarse en el mundo y, por extensión, en el universo.

Saturno devorando a un hijo
(P.P. Rubens)
Más allá de las aventuras con final feliz, existía un trasfondo oscuro, terrible, en el que era aceptado por el imaginario que un padre pudiera comerse a sus hijos si así era requerido. Es el caso de Saturno. Un dios anciano de poblada barba blanca, con una guadaña con la que sesga todo a su paso. Como el tiempo. Responsable de la agricultura y la cosecha, Saturno era el dios romano equivalente al griego Cronos. Hijo de Urano y Tellus, el cielo y la tierra. Hermano pequeño de Titán, quien cedió el trono a Saturno a cambio de que no pudiera criar hijos para que fueran los de Titán quienes heredasen el Olimpo. Ese pacto le haría tomar la decisión de devorar cuantos hijos tuviera con su mujer Ops. Sin embargo, ella ocultó a Neptuno, Júpiter y Plutón haciéndolos criar junto con su hija Juno. Titán descubrió el engaño, y los encerró. Una vez adulto, fue su propio sobrino Júpiter quien acabó derrotándole, que también se vengó de su padre. Así, la dinastía de Ops y Saturno perduró con Júpiter reinando. Dicen que, tras esto, Saturno acabó convertido en mortal y viviendo en el Lacio italiano recibido por el rey Jano. 

El monarca quiso conmemorar aquella época de reinado de Saturno creando en su honor las Saturnales, que tenían lugar el 25 de diciembre (hoy en día fecha a la que se trasladó el nacimiento de Jesucristo cuando el emperador Constantino convirtió el Imperio Romano al cristianismo. Según las propias escrituras, es más que probable que Jesús de Nazaret naciera en septiembre). Se trataba de un solo día, que fue aumentando con el paso del tiempo. Augusto los hizo comenzar el día 24 y durar tres días y el emperador Calígula añadió un cuarto día de festejos. Durante aquellas jornadas en honor a la Edad de Oro del reinado de Saturno en el cielo los amos dejaban de serlo y los esclavos podían actuar y hablar con total libertad. El monte Aventino era una de las siete colinas sobre las que se construyó al Antigua Roma, y también era el lugar de reunión en el que dueños y amos intercambiaban papeles sin importar qué se dijera o se hiciera. Una manera de disfrutar de la vida en armonía que nada tenía que ver con la corta vida de los hijos de Saturno tras el pacto con su hermano mayor Titán, ni tampoco con la larga vida de la misión espacial que el próximo 15 de septiembre acabará en escasos segundos como un kamikaze adentrándose en la atmósfera del planeta anillado para aprovechar hasta el último momento en pos de la ciencia y el conocimiento de la formación y evolución de ese tipo de cuerpos celestes, tanto en nuestro sistema solar como en el resto de sistemas con las mismas características que este.


Una aventura que comenzó el 15 de octubre de 1997, cuando el cohete TitánNB/Centauro despegaba desde Cabo Cañaveral, en Florida (EEUU). Demostrando que la unión hace la fuerza, la NASA, la ESA y la ASI lanzaban rumbo al conjunto de Saturno la misión Cassini-Huygens. Los nombres de las sondas están relacionados con los astrónomos Giovanni Domenico Cassini y Christiaan Huygens. Cassini fue un astrónomo italiano del siglo XVII, y francés de adopción, tanto que el rey Luis XIV llegó a nombrarle director del observatorio de París y miembro de la Academia de Ciencias. Sus valiosas observaciones ayudaron a reafirmar la teoría de la gravitación de Newton. Además fue capaz, en aquel tiempo,  de medir los períodos de revolución de Marte y Júpiter. También descubrió cuatro satélites de Saturno y la división de sus anillos, calculó el tamaño del sistema solar y observó el movimiento de cometas y el aparente del Sol. Christiaan Huygens, por su parte, era hijo de un diplomático holandés también del siglo XVII y eso le facilitó una vida elitista de la que sacaría partido intelectual. Fue uno de los pioneros en el estudio de la probabilidad matemática y resolvió varios problemas geométricos, además de realizar importantes observaciones astronómicas.

En el proyecto colaboran diecisiete países, involucrados en mayor o menor medida, dispuestos a conocer algo más sobre el Señor de los Anillos y su particular comunidad. Un viaje lleno de ciencia gracias al cuál todavía hoy podemos seguir maravillándonos de lo infinitamente pequeños que somos. Este resumen puede poner al lector en perspectiva, si es que se conciben todos los datos: desde la Tierra a Saturno hay 10 veces la distancia de la Tierra al Sol. Esto es, un total de 1500 millones de kilómetros, pero la empresa se torna más épica sabiendo que, por cuestiones de mecánica orbital, ha sido necesario recorrer más del doble para llegar hasta allí: 3500 millones de kilómetros. Durante ellos, impresionantes mini-misiones sobrevolando toda roca flotante para enviar datos/imágenes desde los artilugios más avanzados de la historia en su momento -de los que, por cierto, no nos podemos quejar-. Sobrevoló Venus dos veces, la primera de ellas a 234 km de su superficie (26 de abril de 1998) y la segunda a 600 km (24 de junio de 1999), una vez la Tierra a 1171 km de nuestras cabezas (18 de agosto de 1999) y otra Júpiter desde 10 millones de kilómetros (30 de diciembre de 2000), después de haber atravesado también el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter. Con ese periplo, llegó a Saturno el 1 de julio de 2004, lugar en el que lleva explorando desde entonces de maneras muy diversas. Y no sólo el planeta, sino también algunas de sus lunas. Hay fotos verdaderamente impresionantes entre las 480000  que ha enviado (cuatrocientasochentamil, se dice pronto). Por no hablar del fabuloso vídeo del aterrizaje de la Huygens sobre Titán, que tuvo lugar el 14 de enero de 2005. La sonda se había separado del orbitador Cassini en la Saturnalia de 2004, o sea, el día de Navidad. Sólo los científicos son capaces de aportar ese vínculo sentimental a sus aparatos, como hicieron en esta ocasión con la sonda Huygens, descubridor de Titán que podéis ver un poco más abajo. En cierto modo, era el holandés el que descendía mirando a través de los ojos de la sonda antes de llegar a tocar la superficie. Pasó algo parecido con la misión Rosetta y el módulo Philae.



Los responsables del programa dividieron la misión en tres partes diferenciadas desde que llegara allí. Llamaron «Misión primaria» al período entre 2004 y 2008, «Equinoccio» de 2008 a 2010 y «Solsticio» a estos últimos 7 años de investigación. Más detalladamente, a este último «momento» de la misión en el que nos encontramos ahora le han denominado «Gran Final», y no es para menos. Desde el pasado mes de abril, se ha conseguido algo jamás visto: modificar la órbita de la sonda de manera que pase entre el planeta y los anillos… una vez a la semana, durante varios meses hasta completar la operación 22 veces. Y todo gracias, entre otros, a Mar Vaquero, una científica española de 32 años que trabaja en la NASA. El objetivo de estas inmersiones (dives, como lo llaman en EEUU) es conseguir datos que nos permitan saber cómo se forman y evolucinan los planetas gigantes. El día 11, un sobrevuelo de Titán modificó su órbita para dirigirla al punto de no retorno camino de Saturno. Durante tres días ha estado tomando imágenes y el mañana día 14 comenzará a procesar todos los datos hasta que, el 15 de septiembre, la sonda Cassini entrará como un meteoro en la atmósfera de Saturno enviando telemetría hasta el último momento (entiéndase que estamos hablando en segundos), donde se desintegrará para siempre. La Ciencia de ese épico final mostrará un mapa gravitatorio y magnético del planeta, fotos de tan cerca como nunca antes se hayan visto, así como la composición de su atmósfera hasta perder el contacto. Desde ese momento, muchos añoraremos las fotazas que durante todo este tiempo ha estado mandando, y centraremos el foco en alguna otra misión espacial que nos permita aprender cosas nuevas sobre el universo que nos rodea… Aunque tengamos material de sobra, se echarán en falta nuevas imágenes de la tormenta hexagonal de Saturno, de los anillos, de su superficie, de Encélado, de Titán, Japeto, Pandora, Tetis, Mimas, Pan, Pandora y el resto de la Comunidad que acompaña en el viaje al Señor de los Anillos. 


Thanks for the fish, beloved Cassini-Huygens!!!

Para ver más info, fotos y vídeos: https://saturn.jpl.nasa.gov

jueves, 31 de agosto de 2017

Florence, el asteroide que NO CHOCARÁ con la Tierra

No, mañana tampoco se acabará el mundo. Esta entrada es sólo para advertiros de eso: a pesar de Florence, el mundo no se va a acabar. Tenemos a toda la maquinaria que crea titulares clickbaits empeñada en lo contrario, con recreaciones para ilustrar la noticia que son cuanto menos hollywoodianos. Las tres imágenes siguientes son un ejemplo de lo que hablo. La Vanguardia, RTVE y 20minutos.




Para evitar eso, he decidido hacer algo a escala para que los órdenes de magnitud que nos meten por los ojos en las televisiones no parezcan lo que no son. Es tan fácil como buscar un poquitín y difundirlo con un mínimo rigor. 

El tamaño del asteroide Florence, según la propia web de la NASA es de unos 4.4 km. Y pasará a unos 7000000 de kilómetros de la Tierra. Por otro lado, el diámetro de la Luna es de unos 3700 km. Y la distancia de la Tierra a la Luna es de unos 384000 km. ¿Cómo de lejos pasará el asteroide comparado con la distancia Tierra-Luna? Pues muy fácil: 7000000/384000 = 18.22 veces.



Y, por último, ya puestos, si para los periodistas hemos visto que 7 millones de kilómetros es “rozar” o “pasar junto a” algo, en lugar de usar esas recreaciones peliculeras podrían haber utilizado la imagen que ha usado en su web el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA que se encuentra en California, a escasos 30 kilómetros de Hollywood, como podéis ver en el pantallazo de Google Maps. Una pena, vamos.