jueves, 14 de abril de 2016

El sueño de Gagarin

Titov  y Gagarin (Foto: rtve.es) 
Baikonur (Kazajstán). Madrugada del 12 de abril de 1.961. La inmensidad del Universo está ahí.  Siempre. La vemos cada noche, y a veces nos sentimos pequeñísimos seres en esta pequeña roca sobre la que viajamos. Quizá esa reflexión, sumada al hecho de saberse elegido para la Historia de entre los 3.500 candidatos, sean motivos suficientes para que Morfeo no sea capaz de tumbarte rendido a sus pies (por mucho que digan que durmieron desde las 22h). Yuri sigue despierto en la cabaña donde puede ser que pase su última noche -junto con Guerman Titov, su suplente y con quien empató a puntos en las pruebas-, esperando a que llegue el momento en el que vengan a buscarle. Como es el elegido, se ve en la obligación de dejar constancia de ello. Salga bien o mal, todo lo que haga y lo que le rodea está en la antesala de ser histórico. “Salga bien o mal”, piensa. El reloj no corre y ha llegado a ese punto en el que uno no sabe cómo pasar el tiempo. Se incorpora y coge el rotulador intentando no despertar a Guerman. Mira a la cabaña de al lado, idéntica a la suya y se pregunta cómo el maestro Koroliov, que descansa en ella, ha sido capaz de evolucionar poco a poco su idea desde los cálculos sobre el papel a vislumbrar un viaje al espacio. Quita el tapón al rotulador decidido a echar una firma en la puerta. Ya queda un minuto y medio menos… De vuelta a la cama, observa a su compañero. Llegó con él a Baikonur después de unas duras pruebas de selección en las que el factor determinante para la decisión final no está claro del todo. Algunos dicen que una respuesta en la entrevista personal con Koroliov le dio el puesto, otros que su origen humilde y su implicación, y otro afirman que fue la estatura (Yuri era más bajito y podría maniobrar mejor dentro de los 2,4 metros de diámetro de la esfera que le transportaría al espacio. Su compañero se tendría que conformar con pasar a la historia como el segundo cosmonauta en agosto de aquel año).

Cabaña donde Gagarin pasó la noche anterior al lanzamiento. (Foto: @eurekablog)
Así de humilde era el alojamiento. (Foto: @eurekablog)
Sólo Gagarin sabe en qué pensó para tranquilizarse. A lo mejor se pasó la noche pensando en los huevos con carne que les esperaban como desayuno, o imaginó el time-lapse de crecimiento del árbol que plantó unos días antes, y que permanecería ahí para siempre. “Salga bien, o salga mal” pensaría. Las 4:50h le asaltan medio-despierto, como no podía ser de otra manera. Pruebas médicas para reafirmar la normalidad de cara al despegue, se enfunda el traje con el que hará historia y le llevan en autobús hacia la rampa de lanzamiento. Por el camino, una voz en su interior le susurra “Yura, o meas ahora, o quizá no mees nunca más… ¡en el mejor de los casos pasarán 5 horas!”. Solicita la parada técnica, y mientras orina en una de las ruedas el chofer aprovecha para inflar el resto. Titov, suplente de lujo, espera dentro, también “trajeado”. A bordo ya de la Vostok1, encajado en el asiento eyectable que le permitiría abandonar “la bolita” (como la habían apodado los miembros de la misión), los ingenieros tratan de comprobar que todo está como debe con el ruido de fondo de Gagarin silbando y canturreando todo lo que le viene a la cabeza. Incluso bromea con los técnicos tras detectarse un fallo en un sensor durante la prueba de hermeticidad que obliga a recolocarlo. En la nave, y como medida de prevención un tanto sui generis, una pistola para que pueda defenderse si aterriza fuera de territorio URSS y vienen mal dadas, además de una contraseña para desbloquear el modo automático en caso de emergencia que le entregan a Yuri a la hora de entrar al módulo.

Recreación que se hizo tiempo después, ya que no hubo cámaras el 12 de abril. (Foto: www.esa.int)
A las 9:07 de la mañana hora local, y en el más absoluto secreto -no hay cámaras que retransmitan el lanzamiento-, Gagarin nota como su espalda se aplasta contra el respaldo. La emoción del momento le hace soltar un “Paiéjali!” (Vamos allá). El empuje le lleva en unos minutos hasta los 28.000 km/h, y en la primera conexión por radio con Control le sale el soviético que lleva dentro. Nada de gritos ni alegrías desbordadas: “el vuelo se desarrolla con normalidad y yo estoy bien”. Asombrado por la belleza y a medida que va completando la órbita a la Tierra le sale algo mucho más acorde con el momento… "Veo la superficie terrestre a través de la ventanilla. El cielo es negro. Y rodeando la Tierra, rodeando el horizonte hay una aureola azul muy bonita que se oscurece a medida que se aleja de la superficie. Qué hermosa es.”

Foto: Roscosmos
Fueron 108 minutos de vértigo. Si los del despegue son críticos porque nadie, nunca, había intentado algo semejante, los de la reentrada eran un salto al vacío... uniformemente acelerado. Más aún cuando no se sabe que la fricción de la nave con las capas densas de la atmósfera hace que parezca que vas en una gran bola de fuego en la que piensas que vas a morir… tanto es así, que Gagarin se despidió de sus técnicos al darse cuenta con un “¡estoy ardiendo, adiós, camaradas!”. Sin embargo, “la bolita” acabó cayendo no muy lejos -hablando en kilómetros- del lugar previsto, y Yuri activó el eyectable para aterrizar en paracaídas sobre una granja donde la campesina Anna Tajtárova asistía estupefacta como “alguien” con un traje naranja y un casco blanco recogía un paracaídas y se dirigía hacia ella y su nieta Rita, de 6 años. La conversación es de película:


- ¿Vienes del espacio?
- Ciertamente, sí… pero no se alarme, soy soviético.


Después de eso, le recogen los militares, notifica por teléfono la hazaña, etc, etc, etc… Es historia. Incluso su trágica muerte pocos años después, de la que Leonov pudo contar algunos detalles a la familia cuando los informes fueron desclasificados.

La cápsula de la Vostok 1 momentos después de aterrizar. (Foto: RT)

Fuentes:
Wikipedia

martes, 5 de abril de 2016

Titán aka Luna Saturni

Hubo una época en la que las explicaciones se hacían con conceptos inventados, de manera que su interpretación simplista fuera entendida por aquellos que no eran para nada considerados eruditos en alguna materia que requiriese ser letrado. 

La mitología servía para, de alguna manera, tratar de entender… o cuando menos, definir unos standards en los que basarse para hablar todos de lo mismo. En Grecia, establecieron el orden de la Tierra desde los cielos a partir de Gea y Urano. Dijeron también que los hijos que engendraron se llamarían Titanes. Gea tuvo 12 hijos, y tras urdir un plan junto con su benjamín Cronos para castrar a Urano, consiguió que fueran liberados. 

Cronos, tras la experiencia de su padre y temeroso de ser atacado y relevado, decidió engullir a los hijos que iba teniendo con Rea. Sin embargo, su sexto hijo Zeus consiguió escapar gracias a que Rea le dio para engullir un piedra envuelta en pañales mientras el pequeño era llevado a la isla de Creta. De esa manera, Zeus consiguió crecer hasta que pudo volver a ver a su madre. Accedió a las estancias como sirviente y logró que su propio padre tomara del brebaje especialmente preparado que le hizo vomitar al resto de sus hijos, quienes  terminaron por derrocar a los Titanes y encerrarlos en el Tártaro del Inframundo de Hades. Así, como encerrados en el inframundo, estuvieron durante miles y miles de años a los ojos del ser humano hasta que la tecnología iniciada por Galileo y el resto de representantes de la Ciencia, tal y como la conocemos hoy en día, hizo que el 25 de marzo de 1.655 Christiaan Huygens descubriese la existencia de un gran cuerpo celeste orbitando alrededor de Saturno, que publicaría años más tarde en su obra "Systema Saturnium". Él lo llamó Luna Saturni, y pasaron muchos años hasta que fuera bautizado con su actual nombre, el nombre con el que los griegos denominaron a aquellos  hijos de Gea y Urano, en honor a Cronos -equivalente griego del romano Saturno-. 

Imágenes del descenso de la Huygens (NASA)
El precioso y poblado sistema de satélites de Cronos/Saturno llamó la atención de la NASA después de la información recibida desde la Voyager 1, hasta el punto de enviar una nave que pudiera hacernos conocer mejor las características de ese conjunto. La nave Cassini, equipada con la sonda Huygens es la más grande jamás enviada (lanzada en octubre de 1.997) y llegó a Titán en la Navidad del año 2.004. La sonda se soltó según lo planificado, y tomó tierra en la luna de Saturno el 14 de enero de 2.005. Desde su llegada, la Cassini ha estado sobrevolando Titán una media de una vez al mes, aprovechando así para enviar imágenes tan espectaculares como los datos del laboratorio de campo de la Huygens. Además, durante los últimos meses ha sobrevolado el satélite gigante de Saturno -y segundo más grande del Sistema Solar después de Ganímedes- a diferentes distancias de su superficie. desde los 3.817 kms del 15 de enero, los 1.400 kms del 31 de enero o los 1.018 de febrero, a los 990 kms de ayer o los todavía más cercanos 971 kms del próximo 6 de mayo. El objetivo no es otro que el de “esnifar” la gran atmósfera de Titán y tomar datos de su superficie, donde se ha probado la existencia de lagos de metano, valles, dunas e incluso un mar interior. Lo que se busca ahora son cualquier tipo de fenómenos meteorológicos que demuestren cambios en su clima para que : tormentas, actividad volcánica, corrientes, diferentes altura en los lagos distintas a las registradas, etc…)
Comparativa de Titán con la Tierra y la Luna (Wikipedia)
Titán, los anillos de Saturno y la pequeña Rea. (NASA)

NASA
Tendremos que estar atentos estos días porque los resultados de todos esos datos prometen ser extraordinarios… y, si no lo son, al menos nos quedarán las asombrosas imágenes a las que ya nos tiene acostumbrados la @CassiniSaturn. Os recomiendo que sigáis esa cuenta en twitter porque hemos llegado a ese punto en el que los mareados de años pasados y los datos de ahora, junto con la tecnología ya existente, está permitiendo hacer mapas 3D y lo cierto es que las fotos que vemos hoy son un verdadero espectáculo.

Mar de Kraken (NASA)