s√°bado, 24 de junio de 2017

J√ļpiter, un viejo conocido

Su inmensidad. Un paseo por encima de su cielo. Un sobrecogedor video que deja sin aliento pensando que 1300 Tierras cabr√≠an en su interior. Inconcebible para cualquier mortal. Cantidades y datos que se nos escapan, como las sondas que enviamos a J√ļpiter us√°ndolo como trampol√≠n gravitatorio para sus viajes espaciales.

Si nos dicen que dibujemos el planeta J√ļpiter, probablemente nos decidamos por hacer un circulo, pintarle unas cuantas bandas horizontales de m√°s o menos igual espesor y dibujar un punto gordo en una de ellas para representar la enorme mancha roja en la que caben unos tres planetas Tierra. Sin embargo, hay algo que hasta hace no mucho no sabr√≠amos representar: una vista desde encima del polo Norte o desde debajo de su polo Sur. La sonda Juno, a pesar de los problemas que obligaron a modificar la secuencia de √≥rbitas desde la NASA, nos ha deslumbrado a todos con las im√°genes que est√° obteniendo durante los √ļltimos meses. Lo que vemos es realmente un espect√°culo de gigantescas tormentas en la parte alta de su atm√≥sfera, y colores que nada tienen que ver con esos rojos, naranjas y beiges que hemos visto en las fotos toda nuestra vida.

(Créditos: NASA / SwRI / MSSS / Gerald Eichstädt / Seán Doran)

Se conoce J√ļpiter desde la antig√ľedad, aunque durante los √ļltimos siglos se ha avanzado de manera gigantesca en tecnolog√≠a, consiguiendo de √©l much√≠sima m√°s informaci√≥n. Sin ir m√°s lejos, y como un punto de inflexi√≥n gracias al telescopio, el 7 de enero de 1610 Galileo confirm√≥ la existencia de cuatro de sus 69 sat√©lites (s√≠, 69 sat√©lites) a los que llamamos galileanos en su nombre: √ćo, Europa, Gan√≠medes y Calisto. Un planeta gigante muy gaseoso pero con poca masa que pudo haberse convertido en estrella y hacer del sistema solar un sistema binario que hubiera cambiado para siempre el devenir de todos los que fueron llegando con el paso de algunos millones  de a√Īos. De hecho, a lo mejor ni siquiera hubieran llegado. No lo consigui√≥ porque le falt√≥ masa a pesar de ser enormemente gaseoso y no su pudieron dar las condiciones para que se produjera en su interior la fusi√≥n de √°tomos de hidr√≥geno para formar helio liber√°ndose energ√≠a que retroalimentara el proceso, como pasa en el Sol.

Su estudio de manera «in situ» empez√≥ cuando el que escribe esto ni siquiera hab√≠a nacido. Las Pioneer 10 y 11 sobrevolaron al gigante gaseoso en 1973 y 1974, respectivamente. Tomaron fotos, entre otras cosas, y despu√©s de ellas fueron las Voyager 1 y 2 en su viaje interestelar las que pasaron por all√≠ en 1979. En honor a Galileo Galilei, la primera misi√≥n de larga duraci√≥n -7 a√Īos- enviada a J√ļpiter fue la Galileo de la NASA en 1995. Siete a√Īos en los que un orbitador no pudo dar todos los datos deseados del planeta, pero que sirvi√≥ para conocer m√°s en detalle algunos de sus sat√©lites; acab√≥ zambull√©ndose en J√ļpiter para no contaminar con microbios terrestres ninguno de sus sat√©lites, se hizo (y se hace) as√≠ porque se hab√≠a percibido actividad bajo la superficie de Europa… Posteriormente, la Cassini-Huygens en su viaje al sistema de Saturno, que est√° llegando a su fin este a√Īo y del que hablar√© a no mucho tardar en este blog, sobrevol√≥ J√ļpiter en el a√Īo 2000. Y la √ļltima que hab√≠a pasado por all√≠ hasta que Juno lleg√≥ fue la New Horizons de camino a Plut√≥n en el a√Īo 2007. Despu√©s de todas esas tomas de contacto en mayor o menor t√©rmino, y sobre unas u otras mediciones (en funci√≥n de los aparatos de medida de cada una de las sondas), hemos llegado a 2017 con un incremento tecnol√≥gico exponencial que solamente es tangible si comparamos la primera foto de las Pioneer con el tremendo video por el que estoy escribiendo esta entrada.


De momento, el procesado de J√ļpiter del inicio de este post hecho a partir de las im√°genes enviadas por la sonda Juno de la NASA durante uno de sus sobrevuelos es lo m√°s espectacular que hemos visto jam√°s. A d√≠a de hoy, ya hay datos como para tener entretenidos a los cient√≠ficos una buena temporada, y a√ļn quedan unas cu√°ntas √≥rbitas. Sus auroras, su atm√≥sfera, su magnetosfera, su interior… inc√≥gnitas que seguramente se vayan despejando poco a poco. Muy poco a poco. El pasado mes de mayo disfrut√© un mont√≥n durante el evento Pint Of Science en Bilbao porque nos ofrecieron una charla sobre J√ļpiter y sus atm√≥sferas que los asistentes nos quedamos boquiabiertos. Gracias por actividades como esa.


En este enlace de la web de la NASA pod√©is ver much√≠sima informaci√≥n sobre el viaje a J√ļpiter de la sonda Juno: https://www.missionjuno.swri.edu

miércoles, 21 de junio de 2017

Erat√≥stenes... ¡¡¡y un palo!!!


Es de noche a orillas del mediterr√°neo y Alejandr√≠a luce alumbrada por un faro digno de los faraones, aunque se construyera mucho tiempo despu√©s. Una de las cosas m√°s espl√©ndidas que no tuvimos la suerte de que llegara hasta nuestros d√≠as. Una de tantas. El ajetreo de la noche es el t√≠pico de una ciudad costera, algo que no ha cambiado en dos mil doscientos a√Īos. Observada desde el mar, su luz pod√≠a verse desde un mont√≥n de kil√≥metros de distancia. El colosal faro impon√≠a su visibilidad en la oscuridad desde la isla de Pharos para que los barcos no tuvieran p√©rdida en su llegada a puerto.

(Imagen: Anphipolis.gr)
Mientras romp√≠a el d√≠a, desembarcaba Erat√≥stenes. Matem√°tico, fil√≥sofo, poeta, fil√≥logo y ge√≥grafo griego. Desde Atenas se tra√≠a el recuerdo de sus compa√Īeros de debate; ilustres de los que algunas de sus aportaciones llegaron hasta nuestros d√≠as. Pero, especialmente, de Arqu√≠medes, poco mayor que √©l, y con quien lleg√≥ a escribirse cartas con contenidos relacionados a sus especialidades. Llegaba para desempe√Īar dos encargos por orden del mism√≠simo Ptolomeo III. El primero de ellos era educar a los hijos del rey, y el segundo dirigir la formidable biblioteca de la ciudad. No le hac√≠a mucha gracia tener que ilustrar a j√≥venes de la realeza m√°s pendientes de otras cosas, pero la direcci√≥n de la biblioteca de Alejandr√≠a era algo irrechazable… 

(Imagen: elcientificonovato.blogspot.com.es)
Un tiempo despu√©s de aquella llegada, y totalmente habituado a la vida all√≠, no pod√≠a dejar de pensar en algo que hab√≠a encontrado en un documento de la biblioteca hac√≠a no mucho: durante el mediod√≠a del solsticio de verano (nuestro 21 de junio), los objetos no tienen sombra en Siena (actual Asu√°n) y la luz solar llega hasta el fondo de los pozos porque el sol se encuentra justo en la vertical. De alguna manera, se le ocurre pensar que si en Alejandr√≠a, ese d√≠a, a esa hora, se proyecta la sombra de objetos verticales respecto al suelo, tenemos un √°ngulo diferente del de Siena. Algo no le cuadra… Por eso, piensa que con algo de geometr√≠a (nada m√°s all√° del concepto de arco tangente) y la distancia entre ambas ciudades, puede hallar el radio de la Tierra. Suponiendo que, por esa diferencia de sombras en el mismo d√≠a a la misma hora, la Tierra no es plana, Alejandr√≠a y Asu√°n son los extremos de un arco de circunferencia y no una l√≠nea recta sobre una superficie plana. Erat√≥stenes prepar√≥ minuciosamente el experimento y esper√≥ al siguiente solsticio de verano para confirmar si estaba en lo cierto… 

Lleg√≥ el gran d√≠a. El sol hace apenas dos horas que ha salido y √©l se levanta para avisar a sus ayudantes de que cojan las cosas que hab√≠an dejado preparadas por la noche. Alej√°ndose un poco de multitudes, buscan un lugar en el que la gente no les estorbe demasiado. Tampoco es que vayan a hacer gran cosa, pero el mero hecho de sentirse observados les puede hacer equivocarse. En el mediod√≠a solar, unos palos y algunas mediciones, repetidas para confirmar los datos apuntados, son suficientes para hacer historia. Hac√≠a tiempo que sabe la distancia que hay entre ambas ciudades (aproximadamente 920 km), por lo que es hora de que el maestro que encontr√≥ la manera de cribar los n√ļmeros para saber los primos menores de un n√ļmero dado o que cre√≥ el mesolabio (instrumento con el que resolver la media proporcional) se ponga manos a la obra para calcular a qu√© circunferencia corresponde el arco formado con todos esos datos que tiene. 

El resultado fue un valor tremendamente cercano al aceptado hoy en d√≠a, cosa realmente sorprendente para hace m√°s de dos milenios. Su error fue de unos 8 km sobre una longitud de circunferencia de 40000 km aceptada hoy en d√≠a. Ah√≠ queda eso. De entre el conjunto de demostraciones y c√°lculos que llev√≥ a cabo a lo largo de su vida, quiz√°s sea este el que m√°s destaque por la espectacularidad de conseguir pensar en algo tan intangible en su tiempo como medir la Tierra, pero es cierto que adem√°s de los mencionados m√°s arriba, tambi√©n realiz√≥ complicadas mediciones astron√≥micas relacionadas con el Sol en verano y en invierno, as√≠ como gracias a los conocimientos de cartograf√≠a adquiridos, fue capaz de realizar el primer mapa basado en meridianos y paralelos…

Sin embargo, tristemente, la ceguera que le afect√≥ en un momento dado de su vida fue tan determinante que acab√≥ por conducirle al suicidio al no poder seguir leyendo ni escribiendo. Un cruel final para alguien tan brillante.


Para saber m√°s:
@jasantaolalla feat. @unicoos, @charlylabs, @curiosamente https://www.youtube.com/watch?v=bcWWoXo37IQ 
http://www.um.es/cepoat/radio/temporada-3-programa-15-eratostenes-de-cirene-y-la-circunferencia-de-la-tierra/






martes, 16 de mayo de 2017

Nochevieja en Marte.


Durante la antig√ľedad te despertabas pensando qu√© querr√≠an los dioses que te ocurriera ese d√≠a. Daba igual si eras hombre o mujer. Agricultor, ama de casa, soldado, esclavo, esclava, rey o reina. Todo te parec√≠a venir dado desde las alturas, independientemente de tu posici√≥n social. Era una manera sencilla para aceptar los cataclismos, las derrotas en batallas o las rebeliones. Or√°culos, templos y palacios edificados para consultarles sobre tal o cual cosa. 

En Roma, uno de esos responsables era Marte. Dios de la guerra, hijo de J√ļpiter y de Juno. Casi nada… Un personaje mitol√≥gico con gran influencia en una sociedad como la romana, con un gigantesco ej√©rcito esparcido por todo lo largo y ancho de la geograf√≠a europea con un lema terriblemente pragm√°tico: si quieres la paz, prepara la guerra. El famos√≠simo «si vis pacem, para bellum». Durante una de esas tardes lluviosas en las que te acabas refugiando en cualquier canal de documentales que te eches a la cara, una vez o√≠ que el Imperio Romano no buscaba la expansi√≥n, sino la protecci√≥n de Roma de posibles ataques extranjeros. Me fascin√≥ el concepto, por lo √©pico.  Otra cosa eran los medios, aunque frankly speaking, las cosas funcionaban as√≠ en la antig√ľedad; incluso ahora funcionan as√≠. La diferencia es que ellos no s√≥lo consideraban la Tierra el centro del universo. Tambi√©n cre√≠an que Roma, como centro del mundo conocido, solamente pod√≠a ser un lugar seguro si establec√≠an el cord√≥n de seguridad hasta llegar a ella lo m√°s lejos posible. 

Cuenta la leyenda que Marte naci√≥ cuando su madre huy√≥ del Olimpo, y se adentr√≥ en los campos de Oleno siguiendo el consejo que la diosa Flora le hab√≠a dado en su templo. Juno no hab√≠a visto nunca una flor tan bonita como la que Flora le dijo que cogiera, y result√≥ no ser una flor. Era J√ļpiter, y de la uni√≥n al tenerla en su regazo naci√≥ Marte. Siglos despu√©s, seguimos igual que entonces. Diferentes dioses. Mismas inquietudes. Siempre mirando al cielo, claro. El firmamento nos muestra los planetas del sistema solar como puntos brillantes, salvo que utilicemos telescopios que nos permitan verlos en su m√°xima expresi√≥n. O casi. Con el transcurso del tiempo, el perfeccionamiento de la tecnolog√≠a nos est√° permitiendo conseguir cosas absolutamente inimaginables para aquellos hombres y mujeres que observaban fascinados las constelaciones. Imaginad que, por un momento, alguno de ellos pudiera siquiera ver una foto de la luna. No digamos ya de Saturno con sus anillos, J√ļpiter, Plut√≥n… Algo que a nosotros nos parece lo m√°s normal del mundo, hubo much√≠simas generaciones que no pudieron hacer nada m√°s que imaginar. Y si estuviera el suficiente tiempo entre nosotros como para ver y escuchar todo lo que sabemos hoy de nuestro vecino Marte. Y decirle que est√° habitado por robots que hemos enviado nosotros y que hace una semana estaban todos de fiesta celebrando el a√Īo nuevo marciano, que tiene casquetes polares, atm√≥sfera, un clima estacional como el nuestro, etc, etc, etc… Seguramente, llorar√≠a de emoci√≥n o tartamudear√≠a de asombro. La Tierra ha girado muchas veces alrededor del sol desde que, en la d√©cada de los 1660s, Christian Huygens, Giacomo Cassini y William Herschel comenzasen a observar regularmente el planeta rojo, su rotaci√≥n, su atm√≥sfera, sus nubes… Pasaron casi 200 a√Īos hasta que se dibuj√≥ un mapa de Marte, basado en las observaciones de Beer, M√§dler y Dawes. Y mirad ahora sobre lo que estamos hablando: tenemos la capacidad de mapear desde la √≥rbita, y con una considerable precisi√≥n cualquier punto de Marte. 


Lo conocemos bien ya. Marte, el planeta rojo. El dios romano de la guerra que nos ha ganado ya alguna que otra batalla -v√©anse las sondas Beagle-2 y Schiaparelli, laboratorios volantes con aterrizajes fatales-. Un color rojo que, hoy en d√≠a, sabemos que viene dado por el √≥xido de hierro de su superficie. Sabemos tambi√©n que su fina atm√≥sfera se congela en los polos, pero que hace millones de a√Īos tuvo una atm√≥sfera compacta, y agua, ergo r√≠os, mares, islas. Pudiera ser que hace millones de a√Īos, cuando exist√≠a su escudo anti-radiaci√≥n solar, todo eso fuera lo m√°s parecido a la Tierra que nos podamos echar a la cara. Un hecho que, a unos pocos meses de viaje dentro de la inmensidad del universo, ¡no me negareis que es una suerte incre√≠ble! Una roca situada a 228 millones de kil√≥metros del sol, con un tama√Īo aproximadamente la mitad que nuestro punto azul p√°lido, con d√≠as casi exactamente iguales, y con a√Īos casi exactamente el doble que los nuestros, con una temperatura ecuatorial media sensiblemente inferior a la nuestra, y con una gravedad que nos atraer√≠a s√≥lo una tercera parte de lo que nos atrae en nuestra casa. Caracter√≠sticas b√°sicas que nos dejan caer en la tentaci√≥n de jugar a ser Dios y querer transformarlo (los ge√≥logos lo llaman terraformar, es decir, modificarlo para hacer que se parezca a la Tierra) «maldita sea, hagamos lo posible por llegar all√≠». la NASA ha planteado hace poco que quiz√° se pueda re-formar el escudo anti-radiaci√≥n y el efecto haga el resto. Suena a quimera, pero m√°s por desconocimiento t√©cnico nuestro cuando nos lo cuentan que por otra cosa. 


De momento, y hasta que las cuestiones t√©cnol√≥gicas, √©ticas y legales no se solventen, no nos queda otra -y no es poco- que disfrutar de Marte desde la inmensa cantidad de datos que nos env√≠an los artilugios que all√≠ tenemos orbitando o sobre el terreno. Parece magia, pero no lo es. Desde la Tierra hemos sido capaces de «poblar» un planeta para averiguar qu√© pasa, qu√© ha pasado, por qu√©, c√≥mo o tantas y tantas otras cosas que mediante la investigaci√≥n en la Tierra sabemos. A d√≠a de hoy, es absolutamente impresionante que el Curiosity, el Opportunity y todo el resto de aparatos que lo habitan u orbitan nos muestren la realidad de un lugar inh√≥spito, pero potencialmente habitable para nosotros. La semana pasada, todos esos robots celebraban la Nochevieja marciana, un fiest√≥n. Un nuevo paso por la casilla de salida desde que lo medimos. Nosotros tenemos nuestro calendario «perfectamente» ajustado, pero tambi√©n el de Marte. ¿C√≥mo? Con el sol como referencia, tanto para la definici√≥n de los d√≠as -en Marte: soles- como para la del a√Īo. A partir de ah√≠, es f√°cil, considerando la divisi√≥n de la √≥rbita en 12 partes de 30¬ļ. Eso s√≠, su vuelta alrededor del Sol es m√°s exc√©ntrica que la nuestra y por eso la duraci√≥n de las estaciones var√≠a m√°s entre s√≠ con respecto a la duraci√≥n de la Tierra. Gracias a esa medici√≥n se ha podido determinar cu√°ndo el planeta pasa por el 0¬ļ. Aunque creo que se ve mejor en esta imagen:



Quiz√° yo no lo vea, y por eso me gusta seguir imaginando que ser√° posible ir. A fin de cuentas, fijaos lo que supuso para los primeros hom√≠nidos subir una colina para ver lo que hab√≠a al otro lado. Esa misma sensaci√≥n de curiosidad es la que reflejan las im√°genes de Marte en las que se ven las huellas del rover perderse en la lejan√≠a. 



Agradecimientos:
Nah√ļm Chazarra (http://www.ungeologoenapuros.es)
Fuentes e im√°genes:
https://www.nasa.gov
http://www.astromia.com/solar/marte.htm
https://www.wikipedia.org 

domingo, 9 de abril de 2017

Tercer aniversario del blog

Muchas gracias. A todos. Incluso a mi primer troll -y √ļnico, de momento-, porque sin √©l no pod√≠a haber sabido qu√© se siente cuando un desconocido te descalifica sin motivo. Esta entrada quiero que sirva para agradeceros a todos el inter√©s durante los tres √ļltimos a√Īos. 


Era un 8 de abril. Hacia unos d√≠as que mi servicio en una multinacional aeron√°utica hab√≠a tocado a su fin entre elogios y parabienes no consumados en un contrato indefinido para «la casa» (esto, en 2014, era signo de estabilidad). Ten√≠a que volver a la central de la empresa que me pagaba la n√≥mina… Mientras empaquetaba mis b√°rtulos, algo me dec√≠a que no lo har√≠a por mucho tiempo. ¿Y qu√© me llevo?¿Qu√© recojo? Lo m√°s parecido que recuerdo a esa situaci√≥n era cuando desped√≠an a Chandler Bing de su trabajo de oficina, en la televisiva serie Friends. Son tantos los recuerdos que, llegado el momento, solamente te apetece llevarte lo que es tuyo: las postales, e-mails con diplomas y apuntes de los cursos que has hecho… quiz√°, a lo sumo, el cuaderno de notas donde a lo largo de a√Īos has registrado todo lo que tus compa√Īeros te han explicado «n» veces hasta que has aprendido a hacerlo en autom√°tico. No necesitas m√°s. El resto de cosas que te llevas est√° dentro de tu smartphone. Son nombres y apellidos que aparecieron en tu vida y que el tiempo se encargar√° de clasificar como colegas, contactos o simplemente compa√Īeros, que no amigos. Aquel d√≠a en el que recog√≠a mis cosas me desped√≠ de todos los que consider√© que deb√≠a despedirme. Por supuesto, tambi√©n de los operarios de f√°brica que tanto me hab√≠an ayudado en ocasiones, dej√°ndoles recado para que me despidieran de los que entraban en el siguiente turno.  Son las personas las que hacen grandes a las empresas. Los n√ļmeros son s√≥lo n√ļmeros. Sin personas, no hay n√ļmeros.

Era 8 de abril, dec√≠a. Llevaba unas pocas jornadas laborables delante de un ordenador sin tener muy claro qu√© se supon√≠a que quer√≠an de m√≠. No me ten√≠an asignado ning√ļn trabajo, sencillamente porque no hab√≠a trabajo. Un peregrino «trastea un poco con la √ļltima versi√≥n del NX…». Esa √ļltima versi√≥n del NX no me aportaba mucho, la verdad. A pesar de tener formaci√≥n  y haber trabajado durante casi una d√©cada como t√©cnico superior desarrollando proyectos mec√°nicos, llevaba los cuatro √ļltimos a√Īos gestionando una parte de la cadena de suministro de piezas para los motores del Eurofighter, el Airbus A400M, el A320 o el Boeing 787 Dreamliner, entre algunos otros. Acosado por las entregas de los pedidos, satisfecho a la vez por ponerlas en verde en el Excel de rigor. Tratando de mejorar y aprender siempre, incluso de lo malo… que lo hubo a veces. Por eso, durante uno de los momentos a solas y por puro aburrimiento, entr√© en la web de alg√ļn peri√≥dico generalista y le√≠ una noticia sobre la -por entonces- nueva trama de corrupci√≥n del PP: la G√ľrtel. En mi cuenta de Twitter hab√≠a visto que algunos de los que yo segu√≠a ten√≠an un blog donde contaban sus mierdas, as√≠ que me dije a m√≠ mismo: cuenta la mala hostia que se te pone, su√©ltala. Abr√≠ una ventana de Google y tecle√©: «crear un blog». Por aquel entonces, la manera m√°s sencilla era blogspot. Y as√≠ fue que me invent√© al Hombre de Anchiano. La actualidad pol√≠tica daba para un post por semana, pero en cierto modo me ve√≠a obligado a contar las cosas que pasaban en el mundo de la ciencia. Finalmente, tras una encuesta en Twitter, por mayor√≠a aplastante decid√≠ redirigir el contenido del blog exclusivamente a eventos relacionados con lo cient√≠fico. La cadencia de publicaciones descender√≠a, pero la calidad -creo- aument√≥. 

Era 8 de abril, dec√≠a. Jam√°s pens√© que mi nuevo entretenimiento tuviera la m√°s m√≠nima repercusi√≥n social, m√°s all√° de algunos retuits del @becarioenhoth cuando era el 50% de @PdeTannhauser. Sin embargo, empec√© a sumergirme en el √©xtasis del conocimiento al enterarme de que en Bilbao, adem√°s de festivales musicales como el BBK Live, hay festivales cient√≠ficos. El evento Naukas Bilbao me sirvi√≥ para creer de nuevo en la humanidad. Gente que ven√≠a -y viene- desde todos los rincones de Espa√Īa a pasar dos d√≠as de charlas-p√≠ldora de 10 min, sobre decenas de tem√°ticas distintas. Gracias a la UPV-EHU por estar detr√°s de algo tan grande. Tan grande, s√≠, que en 2017 se celebrar√° ni m√°s ni menos que en el Palacio Euskalduna porque el aforo y las colas para verlo en el Paraninfo de la UPV-EHU empezaban a ser preocupantes. Con este evento, y gracias a Twitter, he podido conocer gente estupenda con la que al menos una vez al a√Īo me tomo unas ca√Īas o como de pintxos por Bilbao. Cient√≠ficos, profesores, aficionados a la ciencia, youtubers… Y la posibilidad de colaborar con algunas iniciativas tan chulas como la revista Principia Magazine (Gracias Quique) y Scenio (Gracias Javi). Algo impresionante para alguien que, de peque√Īo, so√Īaba con ser astronauta adem√°s de futbolista, y que vio como la vida pasaba sin haber llegado a la mitad de la mitad de lo que pensaba haber hecho, pero viendo como hab√≠a llegado al doble del doble de gente de lo que pensaba aquel 8 de abril.


Era 8 de abril, decía. Bendito 8 de abril. Gracias a todos los anchianibers del mundo.

domingo, 2 de abril de 2017

Ya es primavera en Atapuerca


En esta entrada sobre la excursi√≥n al Museo de la Evoluci√≥n Humana (MEH) que hice en enero con dos amigos, expliqu√© que consideramos que era una temeridad visitar la Trinchera del Ferrocarril en la que est√°n los yacimientos paleoantropoarque√≥logicos que tanta notoriedad han dado a un pueblecito a los pies de la Sierra de Atapuerca. Un pueblo peque√Īo que, dicho sea de paso, adem√°s de las inclemencias del tiempo ha sufrido las del cubismo arquitect√≥nico, m√°ximo exponente de la reciente √©poca dorada inmobiliariamente hablando. Pudiera ser que ese prisma rectangular negro en medio de la nada sirva para que sea localizado m√°s f√°cilmente. No lo tengo claro del todo, la verdad. Pragm√°ticamente hablando: s√≠, ayuda.

Como dec√≠a, tras reservar un d√≠a para Burgos y su MEH en enero, desechamos la opci√≥n de visitar los yacimientos, pensando en que el clima pod√≠a jugarnos una mala pasada. Por eso, exclusivamente, emplazamos la excursi√≥n a Atapuerca para alg√ļn momento de la primavera en el que los cuatro interesados pudi√©ramos cuadrar. Intentamos quedar tambi√©n con Quique (de Principia Magazine) por estar a mitad de camino entre su casa y la nuestra, pero finalmente no pudo ser. As√≠ las cosas, marcamos en el calendario el s√°bado 25 de marzo. La vida a veces no discurre por los derroteros que uno desea, y esta fue una de esas ocasiones. El grupo de WhatsApp para la ocasi√≥n «Atapuercos», pronto dejaba ver que as√≠ ser√≠a. Un pantallazo del or√°culo eltiempo.es activaba las alarmas. «Chavales, abrigaos el s√°bado». El peor fin de semana desde 2016 ser√≠a el nuestro. Qu√© cojones, somos chicarrones del norte. No hay miedo.



Salimos del pueblo a las 7:55h con lluvia, y sin excesivo fr√≠o. El objetivo era estar en el Centro de Acceso a los Yacimientos (CAYAC) de Ibeas de Juarros a las 9:45h. Agradezco desde aqu√≠ a Vredestein la patente de los neum√°ticos de invierno, porque de no ser por ellos probablemente hoy no podr√≠a escribir este post. As√≠, como suena. La nevada que nos pill√≥ a mitad de camino no impidi√≥ que la velocidad no bajase de los 80 km/h. Aparcamos en Ibeas a las 9:47h… prueba superada. Un edificio moderno, con una suerte de millario nos indica que est√°bamos en el lugar correcto. On time. Confirmamos que nos esperan, y subimos al autob√ļs que nos llevar√° a la Trinchera del Ferrocarril. La sierra de Atapuerca, por cierto, no es m√°s que dos lomas elevadas apenas 80 m. sobre la superficie del propio CAYAC.

Unos minutos de autob√ļs para ubicarnos, micr√≥nono en mano, de la mano de nuestro gu√≠a David. Entramos en la trinchera y lo primero que hace es darnos una redecilla para la cabeza sobre la que nos pondremos el casco. Toda precauci√≥n es poca. Como √©l dijo: «El casco es obligatorio, la redecilla no… pero ten√≠ais que haber visto a los que vinieron ayer». Fue una de sus muchas perlas. Siempre digo que la mitad -o m√°s- de la visita a un lugar tur√≠stico depende del gu√≠a con el que toque. Indudablemente, David sabe lo que hace y tiene el culo pelao de explicar, o, mejor dicho, lidiar con alumnos hormonalmente agilipollados que le llegan de todo lo largo y ancho de la geograf√≠a espa√Īola. Para √©l, un grupo de adultos con media docena de cr√≠os es un reba√Īo de ovejas con el que pas√°rselo pipa. Y hac√©rselo pasar a ellos. Lo comido por lo servido.


La Trinchera del Ferrocarril tiene tres paradas. Durante principios del siglo XX, unas voladuras en la piedra caliza dejaron al descubierto ese tesoro paleoantropoarqueol√≥gico. Conviene recordar que mucha gente piensa que los yacimientos est√°n continuamente siendo excavados, pero la realidad es bien distinta. M√°s a√ļn en Atapuerca. Estamos hablando de decenas de miles de restos ya extra√≠dos, y qui√©n sabe cuantos por extraer. Por esa inusual particularidad, los cient√≠ficos tan s√≥lo excavan durante un mes y pico al a√Īo, y se pasan el resto del a√Īo en el laboratorio analizando lo encontrado. Muestras, informes, hip√≥tesis, confirmaciones… nada que ver con Indiana Jones y su camisa resudada corriendo delante de una bola de piedra gigante. A d√≠a de hoy, casi 300 personas al a√Īo entre becas, doctorandos y cient√≠ficos con experiencia dedican su esfuerzo a buscar restos que sigan asombrando al mundo, literalmente hablando. Como buena trinchera, espero que no teng√°is la suerte de que nieve y haga viento y fr√≠o. Aprendimos un mont√≥n, pero de 365 d√≠as que tiene el a√Īo, digamos que a lo mejor pod√≠amos haber disfrutado m√°s. No me extender√© en la explicaci√≥n de David en cada una de las tres «estaciones» para que lo descubr√°is por vosotros mismos si ten√©is la oportunidad de visitarlo.

La primera de ellas es la Sima del Elefante, donde se ven perfectamente los estratos y la estructura de «queso Gruyere» del terreno. El tiempo se mide en cientos de miles de a√Īos, y se han encontrado especies de todo tipo. Desde el elefante que le da su nombre hasta restos de ave, oso, cabra e incluso restos de hom√≠nido. A d√≠a de hoy se han encontrado una falange y una mand√≠bula de un tipo de Homo, a√ļn por identificar. En diferentes estratos se han encontrado herramientas de Modo 1 -en los niveles m√°s bajos- y de Modo 3 -en los m√°s superficiales-. Est√° confirmado geol√≥gicamente que hay tierra de hasta 1,2 millones de a√Īos, y que que la macro y microfauna desenterrada en la sima es de hace unos 250.000 - 350.000 a√Īos. En este punto ten√≠amos todo m√°s o menos enfocado, y lo cierto es que el fr√≠o no era el mayor de nuestros problemas. O s√≠.

En la segunda parada, la Galer√≠a, nos explica qu√© diferencias hay entre algunas de las diferentes herramientas encontradas ah√≠ (Modo 2, es decir, m√°s elaboradas que las de sus antecesores), y tambi√©n que es el lugar donde aparecieron los restos de Homo Heidelbergensis, as√≠ como de multitud de fauna. Esa gran cantidad de restos animales hace pensar que ser√≠a una trampa natural; una de las razones para pensar eso es que los «jamones» de los animales grandes encontrados no estaban all√≠ junto al resto de huesos, sino en la Gran Dolina -a escasos 50 metros-. Comprende desde los 180.000 hasta los 500.000 a√Īos. Los datos se grababan en nuestras cabezas a pesar de que empezaban a caer los primeros copos de aquel d√≠a…

En la √ļltima parada, la Gran Dolina, nos explica c√≥mo consiguieron datar los restos a partir del estrato donde est√° reflejada la inversi√≥n magn√©tica Bruhnes-Matuyama. Esto es, cuando la polaridad de la Tierra cambi√≥ por √ļltima vez, hace ahora unos 780.000 a√Īos. Interesante historia sobre c√≥mo se demostr√≥ que as√≠ fue… e inquietante lo que pasar√≠a si hoy tuviera lugar una reversi√≥n como aquella. Se han desenterrado elementos de divers√≠simos animales herb√≠voros y carn√≠voros, aunque de momento no ha aparecido ning√ļn hom√≠nido, las herramientas encontradas son tambi√©n de los Modos 1 y 3, y la antig√ľedad data entre 500.000 y 300.000 a√Īos. La ubicaci√≥n de esta zona en la trinchera nos hizo sufrir los soplidos de Eolo, aunque aguantamos estoicamente gracias a los chistes con los que David interact√ļa con los visitantes.

Terminada la hora y media en la Trinchera del Ferrocarril, nos dirigimos en autob√ļs al punto de partida, y desde donde nos indicaron c√≥mo llegar hasta el Centro ARqueol√≥gico EXperimental (CAREX) situado a varios kil√≥metros de all√≠. Un cubo negro visible desde el cruce de la general. En su interior nos encontramos un recorrido sobre las «caba√Īas», la dieta, los primeros instrumentos… En ese punto empezaba otra hora y media de tempestad f√≠sica amainada con claroscuros de conocimiento. La explanada al lado del edificio contiene una serie de localizaciones en las que se explica la prehistoria y nuestra evoluci√≥n dentro de ella. C√≥mo se hace un bifaz, unas pintadas prehist√≥ricas, rituales funerarios, lanzamiento de lanzas y flechas, agricultura y, c√≥mo no, los diferentes y sorprendentes m√©todos para obtener fuego. Nosotros esperamos a la primavera porque pens√°bamos que ambas visitas ser√≠an mucho m√°s agradables meteorol√≥gicamente hablando de lo que realmente fueron: con viento norte y nevando no se disfruta igual. Eso es un hecho, y por esa misma raz√≥n creemos que la labor del gu√≠a fue fundamental para que nuestra percepci√≥n no bajase enteros. Gracias a David por aquella ma√Īana, y a los socios que aportan el 98% de la financiaci√≥n privada para que las excavaciones sigan su curso.

Mi √ļnico pero, y quiz√° no deba ponerlo al final porque puede que la gente se quede s√≥lo con eso, tiene de fondo lo que dec√≠a mi profesor de f√≠sica en el instituto. √Čl siempre llevaba un term√≥metro en su malet√≠n, y tras d√©cadas de experiencia docente, sosten√≠a que los alumnos no eran capaces de asimilar conceptos por encima -creo recordar- de los 25¬ļC y por debajo de los 15¬ļC. Ni corto ni perezoso sacaba el term√≥metro y se marchaba de clase si la temperatura no estaba entre esos dos valores. Por eso, y por lo que las inclemencias del tiempo le hacen al sitio en cuesti√≥n, creo que hay cosas del circuito exterior que podr√≠an explicarse dentro del edificio. Aunque sea en momentos puntuales del a√Īo (bien por exceso de calor o de fr√≠o), se agradecer√≠a una mini-piscina de piedras de r√≠o y las herramientas para pintar, o la explicaci√≥n de los rituales y la de la fauna en el interior, de manera que la hora y media a la intemperie se convierta en media, algo mucho m√°s soportable. Estoy seguro de que no soy el primero que dice algo as√≠, y tambi√©n de que es todo cuesti√≥n de presupuesto, porque si no tampoco se entiende que tan s√≥lo haya una m√°quina de caf√©, en lugar una mini-cafeter√≠a.


Dicho esto, y a pesar de ello, ambas excursiones son realmente apetecibles y gratificantes. Mi m√°s sincera enhorabuena a la Fundaci√≥n Atapuerca y a la brigada de gu√≠as que transmiten tan amenamente los contenidos de miles y miles de horas de estudio cient√≠fico. Y, por supuesto, ¡MUCHAS GRACIAS! Volver√©, aunque s√≥lo sea por la sopa castellana y el lechazo que nos apretamos despu√©s en la capital...


jueves, 23 de febrero de 2017

Trappist-1, lejanamente cerca.

El progreso reconforta cada cierto tiempo. Lo hace de vez en cuando, pero as√≠ est√° bien. A veces asusta. Otras ilusiona. Una de las principales fuentes de progreso de la que todos bebemos es la NASA. Aunque no siempre se refieren a notificaciones exclusivamente de la propia NASA; como en esta ocasi√≥n, en la que la noticia est√° relacionada con un equipo de investigadores internacionales. 

La agencia aerospacial estadounidense nos da noticias con tinte trendingtopico, todo hay que decirlo, pero en el siglo XXI es lo que hay. No se entiende una labor divulgativa al uso sin emplear el bombo y platillo que otorgan Twitter y Youtube, entre otros. De repente, la ma√Īana de un mi√©rcoles se convierte en un mont√≥n de gente corriendo tir√°ndose de los pelos por los pasillos de Twitter pregunt√°ndose a ver qu√© co√Īo va a anunciar la NASA a nivel mundial, que ha avisado con tiempo suficiente como para que, si fueran extraterrestres los anunciados, nos borrasen del mapa en menos que tuitea un @gerardotc. Afortunadamente, sabemos que eso es dif√≠cil que ocurra, y sin embargo creemos que si encontramos vida en alg√ļn sitio, tenemos la obligaci√≥n de poner los medios para ir all√° donde est√©. Al precio que sea.

Características de los planetas del sistema Trappist-1 comparados con algunos del Sistema Solar
 [Infograf√≠a:NASA/JPL-Caltech]
A las 19.00h (hora peninsular espa√Īola) del 22 de febrero, la conferencia de prensa confirm√≥ lo que algunos ya hab√≠an encontrado la noche anterior en las entra√Īas de internet por las dichosas filtraciones. Un equipo internacional de astr√≥nomos ha descubierto, dentro de un sistema ya conocido llamado Trappist-1, que hay m√°s planetas de los que hab√≠a registrados en √©l, que en total son siete y del tama√Īo aproximado de la Tierra, y que respecto de la estrella ultraenana fr√≠a de la que orbitan hay tres en la zona habitable seg√ļn las condiciones de temperatura y distancia. De momento, se han nombrado con las letras del abecedario, y dentro de los tres «m√°s interesantes» puede haber caracter√≠sticas comunes entre s√≠. Por ejemplo, que padezcan acoplamiento de marea y por ello muestren siempre la misma cara a la estrella -para contextualizar, como la Luna a la Tierra-, todos son cuerpos rocosos, y lo que desean fervientemente los cient√≠ficos es poder saber c√≥mo son sus atm√≥sferas, porque de ello depende en gran medida la posibilidad de que haya vida o no.

Infografía: NASA/JPL-Caltech
El sistema Trappist-1 es mucho m√°s compacto que nuestro sistema solar, pero las condiciones de habitabilidad (seg√ļn lo que se entiende por tales condiciones) vienen dadas porque su estrella es m√°s fr√≠a que el sol. Dicho de otro modo: si sus planetas tienen el tama√Īo de la Tierra, para que en su superficie la temperatura sea similar a la nuestra, deben estar m√°s cerca. Un ejemplo m√°s tangible: si quieres calentarte delante de una estufa, dependiendo del calor que desprenda una peque√Īa estufa el√©ctrica o una grande de butano, para estar a gusto tendr√°s que colocarte m√°s lejos o m√°s cerca.

A continuaci√≥n, quiero dejar claros los puntos m√°s medi√°ticos que todo quisque no ha podido evitar cu√Īadear.

- Las im√°genes de las infograf√≠as son recreaciones. No es como son en la realidad. Los planetas se han descubierto mediante el m√©todo del tr√°nsito. Algo as√≠ como cuando est√°s tomando el sol boca arriba con los ojos cerrados y alguien hace pasar (transitar) la sombra de su mano por tu cara. Seguro que te llama la atenci√≥n y abres los ojos ¿a que s√≠? Pues cuando los astr√≥nomos est√°n controlando el brillo de una estrella y un planeta transita sobre ella, tambi√©n les llama la atenci√≥n. 

- No. No hay evidencias -de momento- de que exista atmósfera ni agua en ninguno de los siete planetas. Por lo tanto, tampoco las hay de que haya vida tal y como la conocemos. Sorry. Quizá en el medio plazo se pueda confirmar que hay atmósfera, pero habrá que esperar.

- El sistema est√° a 39 a√Īos-luz de nosotros. Algo, como ya he dicho en el t√≠tulo de esta entrada, lejanamente cerca.

- Algo tan lejos que, con la tecnolog√≠a de hoy en d√≠a, tardar√≠amos en llegar 44 millones de a√Īos. Y a√ļn as√≠ de lejos, fijaos en esta imagen de la V√≠a L√°ctea con sus 100 millones de a√Īos-luz. La distancia que nos separa de Trappist-1 ser√≠a equivalente a medio pixel de la zona agrandada. ¿De verdad pens√°is que en alguna parte del Universo no habr√° m√°s exoplanetas con vida microsc√≥pica en su superficie? Como m√°s o menos dijo Neil DeGrasse Tyson: «ser√≠a tremendamente egoc√©ntrico pensarlo».



La impaciencia nos puede, y a lo mejor hasta podamos conocer muchas m√°s cosas durante nuestras vidas cuando est√©n investigando el sistema los telescopios que vienen, pero lo cierto es que algunos ser√≠amos m√°s felices si hubi√©ramos nacido 100 √≥ 150 a√Īos m√°s tarde... pero eso ya no podr√° ser, por lo que debemos disfrutar del momento y tratar de mostrar a todos los amigos, conocidos y followers que el espacio mola mucho m√°s all√° de las memeces astrol√≥gicas que los medios de comunicaci√≥n nos muestran d√≠a s√≠ y d√≠a tambi√©n. As√≠ que id y contad la buena nueva.

Para finalizar, si lo que quer√©is es entrar en profundidad en el tema, os recomiendo la que probablemente sea la mejor en castellano que os pod√°is echar a la cara. Es, c√≥mo no, del maestro Daniel Mar√≠n (@Eurekablog) aqu√≠ en su blog Eureka.

s√°bado, 11 de febrero de 2017

Aglaonike, la brujería que era ciencia.

Fuente: http://archive.randi.org 
Astronom√≠a, algo ajeno. Astrolog√≠a, algo propio. Una pareja viajando de la mano a lo largo de la Historia hasta un tiempo de m√°s luces que sombras, en el que se separaron para siempre. Algo en com√ļn: mirar al cielo… a ese abismo vertical. La delgada l√≠nea que separa interesarse por lo desconocido es muy fina. Tanto que la balanza pod√≠a hacerte caer en el lado equivocado. El lado donde lo que hagas no sirve de nada. La astrolog√≠a pertenece a esa serie de mentiras metidas en una nebulosa endog√°mica en la que todo est√° relacionado con todo, como si de hacer pi√Īa se tratara (y, de hecho, se trata). A pesar del auge de todas esas «ciencias» amigas del misterio, a las que se da p√°bulo desde todos los medios de comunicaci√≥n y, ¿por qu√© no decirlo?, alguna que otra instituci√≥n p√ļblica, algunos estamos empe√Īados en dejar claro a la gente de nuestro entorno que no hagan caso, por ejemplo, del hor√≥scopo.

Sin embargo, en aquellos tiempos donde no hab√≠a diferencia, solo quienes practicaban la astronom√≠a sab√≠an que no estaban haciendo algo que pudieran controlar. No eran or√°culos. Ni lo pretend√≠an. ¿O s√≠? El caso es que all√° por el siglo II a.C., en la Grecia Cl√°sica, a las mujeres se les atribu√≠a la calidad de «sacerdotisas», porque no se consideraba que tuvieran la capacidad para desarrollar ciencia. Aprovecho que la noche de ayer (10-11 febrero) tuvo lugar un eclipse penumbral para escribir sobre una persona que los conoc√≠a extremadamente bien para su √©poca gracias a que su padre hab√≠a decidido enviarla a Mesopotamia para que aprendiera Matem√°ticas y Astronom√≠a. Eran cosas verdaderamente inusuales en un lugar como Grecia que las mujeres medraran cient√≠ficamente hablando, as√≠ que Hegetor de Tesalia la mand√≥ de Erasmus a tierras caldeas donde los conocimientos sobre lo humano y lo terrenal hac√≠a tiempo que se conoc√≠a. Os hablo de Aglaonike, mi protagonista para esta humilde aportaci√≥n al D√≠a de la Mujer y la Ni√Īa en Ciencia. 

Fuente: NASA
Aglaonike fue la primera mujer astr√≥noma conocida de Grecia. Junto con alguna otra como ella eran popularmente conocidas como las «brujas de Tesalia», y oficialmente sacerdotisas del templo de la Luna. Por la calle, e incluso en las cr√≥nicas de Apolonio de Rodas o Plutarco, se refer√≠an a ella como «quien pod√≠a hacer desaparecer la luna». Comentarios perversos, dicho sea de paso. La raz√≥n: desprestigiar su labor aduciendo al enga√Īo de la magia como arma. Sin embargo, la realidad distaba mucho de la brujer√≠a. Su virtud era aplicar la teor√≠a astron√≥mica que hab√≠a aprendido en Mesopotamia, d√≥nde si no, sobre la teor√≠a de los ciclos de saros, que establece la relaci√≥n entre la Luna y la Tierra seg√ļn la cu√°l ambas coinciden en el mismo punto transcurrido un tiempo. Gracias a eso, y sabiendo cu√°ndo hab√≠a tenido lugar el √ļltimo eclipse, pod√≠a predecir cu√°ndo tendr√≠an lugar los siguientes, y de qu√© tipo ser√≠an, claro.


Si hoy en d√≠a vemos gente a la que predecir el futuro de los fen√≥menos astroN√ďMICOS les parece magia, imaginad por un momento el poder que podr√≠a dar hace dos milenios «hacer ocultarse el sol». O la luna. El rol de la mujer hace dos mil a√Īos estaba encuadrado en la exclusi√≥n social, la sumisi√≥n e incluso la semejanza a los animales. Tremendo eso √ļltimo. Afortunadamente, hoy hay partes del mundo en las que no es as√≠. Desafortunadamente, hay lugares en los que todav√≠a lo es. Por eso, porque muchas de las ni√Īas del mundo no tienen elecci√≥n, nuestro deber es dar visibilidad a las mujeres y ANIMAR a nuestras peque√Īas a que se decidan por ocupaciones para las que, hist√≥ricamente, est√° demostrado sobremanera que el sexo femenino es perfectamente capaz de despuntar. Ni siquiera es necesario dar ning√ļn ejemplo. Si no es as√≠, nos veremos obligados a vivir mucho tiempo rodeados de vergonzantes porcentajes de supremac√≠a masculina en cualquier cosa que huela a Ciencia.  

viernes, 6 de enero de 2017

Lucy, Atapuerca, Miguelón y otras chicas del montón.

A veces tenemos tan cerca las cosas, que con el cl√°sico «Ya ir√©.» cerramos de un portazo experiencias que deber√≠amos haber disfrutado hace mucho tiempo. Ayer aprovech√© una coincidencia para acercarme a Burgos junto con dos amigos y pasar la ma√Īana en el Museo de la Evoluci√≥n Humana.

El museo no tiene pérdida: nada más cruzar la Pza. Mío Cid con su imponente estatua a lomos de Babieca, y el puente de San Pablo, basta con mirar a la izquierda. Ahí, junto a la rampa de acceso al edificio, nos da la bienvenida el cráneo metálico obra de Javier Muro. Una vez dentro, un enorme mural con periodos y especies de homínidos nos recibe para (intentar) situarnos en contexto.


Una de las cosas m√°s complicadas para los no iniciados en cualquier ciencia de tratamiento de restos es asimilar el concepto del tiempo. Nuestra vida dura, de media, 80 a√Īos y ese simple hecho nos diluye el cerebro cuando vamos a√Īadiendo ceros a la derecha al hablar de sucesos ocurridos hace mucho-mucho tiempo. Concebimos 80 y 800 a√Īos, podemos llegar a entender lo dif√≠cil que ser√≠a la vida hace 8000, se nos calienta la cabeza pensando en 80000 y nuestra cerebro explota cuando nos hablan de 800000 a√Īos o peor, 8 millones. Los profesores universitarios tienen la misi√≥n de que los futuros t√©cnicos en esas materias renieguen de su interiorizado concepto de tiempo «biol√≥gico», para que comprendan medidas temporales much√≠simo mayores. Como prueba de ello, puedes echar un vistazo a este mural donde se nos dice qu√© y cu√°ndo fue cada cosa.


El museo comprende tres plantas de exposici√≥n permanente donde se pone en contexto la zona de los hallazgos de Atapuerca, se explica la historia de los principales yacimientos, los detalles de cada parte investigada, los diferentes climas a lo largo de la Prehistoria, una muestra de hom√≠nidos a tama√Īo natural -entre los que se encuentran @LucyMEH y @MiguelonMEH-, posibles escenarios de asentamientos, herramientas, complementos ornamentales, recipientes, alimentaci√≥n, salas oscuras que reproducen p√≠ldoras de 3-5 min., reconstrucci√≥n de cabezas a partir de las piezas encontradas… y huesos. Muchos huesos. Humanos y animales. Sorprende ver c√≥mo en apenas 10 metros de exposici√≥n pueden apreciarse restos √≥seos animales de especies tan diferentes como ciervo, tortuga, musara√Īa, rinoceronte, le√≥n, oso, bisonte… Pero sorprende a√ļn m√°s saber que en la Sima de los Huesos conviven restos que comprenden un periodo cercano a un mill√≥n de a√Īos (!!!). Una aut√©ntica barbaridad, que hace del lugar un sitio √ļnico en el mundo. Para comprender el valor que eso supone, basta decir que si el conjunto de restos f√≥siles de ciertos periodos de la prehistoria encontrados en todo el mundo son el 100%, lo encontrado en la sierra de Atapuerca constituye casi el 84% del total; y todo porque el Corredor de la Bureba era el puesto de paso perfecto entre lo cant√°brico y lo iberico, por un lado, y lo atl√°ntico y lo mediterr√°neo, por otro. 

Por alguna raz√≥n, ese punto exacto de la geograf√≠a se convirti√≥ en el lugar donde asentarse durante cientos de miles de a√Īos para todos los grupos que, de una manera o de otra, pasaban por ah√≠. El desarrollo geol√≥gico de la zona fue determinante para que todos los grupos tribales que pasaban por ah√≠ decidieran quedarse. As√≠ nos lo explican varios paneles en la Planta -1, describiendo el tipo de roca de Atapuerca, los motivos de las formaciones k√°rsticas, los descubrimientos de los principales yacimientos, y dos salas  oscuras con restos de la Trinchera del Ferrocarril y la Sima de los Huesos. Adem√°s, se muestran restos de utensilios empleados por pobladores m√°s recientes que aquel Homo antecessor de entre 50000 y 7000 a√Īos de antig√ľedad. Tambi√©n hay una zona de recreaci√≥n para ver el proceso de un descubrimiento desde el campo hasta el laboratorio.


En la Planta 0 nos espera una suerte de Stonehenge con hom√≠nidos en el que nos explican las diferencias y caracter√≠sticas frente a unas esculturas hiperrealistas de diferentes especies que han contribuido al desarrollo evolutivo, entre las que est√°n @LucyMEH y @MiguelonMEH, sin tener que estar necesariamente relacionados entre s√≠, ni con nosotros. En esa planta lo primero que nos cuentan es qu√© es el Homo sapiens, qu√© nos diferencia del resto de grandes primates -chimpanc√©, gorila, orangut√°n y bonobo- y qu√© consecuencias tiene ser como somos. A un lado de esa circunferencia hay una secci√≥n de considerables dimensiones de un barco bergant√≠n, como peque√Īo homenaje a la tripulaci√≥n del HSM Beagle que fue con Charles Darwin en las expediciones donde concibi√≥ su teor√≠a de la evoluci√≥n, y al otro un cerebro enorme junto con una parte dedicada a Ram√≥n y Cajal, premio Nobel de Medicina por lo que aport√≥ a la neurociencia hace ya m√°s de un siglo.

La imagen panorámica muestra la circunferencia de homínidos.
Subiendo a la Planta 1 nos encontramos con una sala donde se resume la importancia del fuego en la evoluci√≥n, y zonas de explicaci√≥n gr√°fica en las que vemos c√≥mo el ser humano que hoy somos, fue en un principio esa esencia de querer mejorar a base de la experiencia y la exploraci√≥n… por supuesto con alg√ļn que otro golpe de fortuna. El subir a la colina para ver qu√© hab√≠a al otro lado. Muchas veces hemos o√≠do que los primeros hom√≠nidos empezaron a desarrollarse verdaderamente cuando comenzaron a cazar y sembrar. La caza y la agricultura, como dos pilares del desarrollo evolutivo. Sin embargo, hay que dar un paso atr√°s para ver en perspectiva que los bichos con los que tuvieron que competir, por ejemplo, para cazar, eran mucho m√°s bestias que ellos. Al fin y al cabo, los hom√≠nidos no ten√≠an garras, no ten√≠an cuernos, ni colmillos, no corr√≠an excesivamente r√°pido… vamos, que hasta eran una presa f√°cil de los depredadores de la √©poca. Sea cual fuere la √©poca. Lo que verdaderamente les permiti√≥ en un momento dado dominar su entorno fue la tecnolog√≠a. A su nivel, pero tecnolog√≠a a fin de cuentas. Es sorprendente que los antepasados nuestros que habitaron en el cuerno de √Āfrica, fueron capaces de adaptarse sin tener «nada m√°s» que un cerebro cada vez m√°s grande, una dieta m√°s variada y el asombroso bipedismo. La agrupaci√≥n de individuos en sociedades cada vez m√°s complejas, donde se cocinaba la carne, se cazaba de manera m√°s sofisticada, se cuidaba de los enfermos, se sopesaba el canibalismo en funci√≥n de la coyuntura y muchas cosas que hoy nos parecen impensables que hicieran, pero cuyos indicios as√≠ parecen confirmar.  El recorrido de esta planta finaliza en la parte que m√°s de cerca nos toca: el holoceno. O sea, la √©poca del pastoreo y el desarrollo material neol√≠tico. 

Por √ļltimo, nos recomiendan una vista del museo desde la Planta 2. Se ven cuatro diferentes ecosistemas que existieron en la sierra de Atapuerca, donde gracias a la realidad aumentada podemos disfrutar a√ļn m√°s de la explicaci√≥n. Los √°rboles que se ven desde ah√≠ est√°n tratados, pero son reales. De izquierda a derecha, vemos primero el clima que disfrut√≥ el Homo antecessor (hace 850000 a√Īos) m√°s c√°lido que los dem√°s, pasando por el del Homo heidelbergensis (hace 600000 a√Īos) que tiene un cariz m√°s atl√°ntico, con bosques frondosos, o el paisaje mezcla de atl√°ntico y mediterraneo (350000 a√Īos) que se parece bastante al actual en cuanto a flora. Por √ļltimo, tenemos el fr√≠o clima de los Neanderthales (hace 60000 a√Īos) t√≠pico de √©pocas glaciares.

Imagen: slideshare.net
Hasta aqu√≠, he de decir que entramos en el museo a las 10h y salimos a las 14:15h, gracias a las charlas de 15´ alargadas hasta la media hora por parte de la gu√≠a, Celia, que nos cautiv√≥ con su manera de contar tantas cosas en tan poco tiempo, dejando clara la sensaci√≥n de que le apasiona saber, y le apasiona contarlo... ¡y nosotros encantados! :-D Despu√©s de salir fascinados, tratamos de poner en com√ļn lo aprendido tomando un par de potes por la zona vieja entrando a la imponente catedral y, como no pod√≠a ser menos, una sopa castellana acompa√Īando a un formidable lechazo. D√≠a perfecto, porque por no hacer, no hac√≠a casi ni fr√≠o para ser enero en Burgos.

Mi nivel de profundidad y detalle en esta entrada es, con total rotundidad, much√≠simo menor que el de la propia Sima de los Huesos, as√≠ que si ten√©is la oportunidad de ir alg√ļn d√≠a, aprovechadla. Las explicaciones de los gu√≠as, el hecho de entender qu√© pasaba en toda esa zona, el clima, la vegetaci√≥n, y por supuesto los f√≥siles, son dignos de visitar. Aunque, eso s√≠, estoy deseando ya que llegue la primavera para acercarnos a los yacimientos de Atapuerca.
Para m√°s info: museoevolucionhumana.com