jueves, 23 de febrero de 2017

Trappist-1, lejanamente cerca.

El progreso reconforta cada cierto tiempo. Lo hace de vez en cuando, pero así está bien. A veces asusta. Otras ilusiona. Una de las principales fuentes de progreso de la que todos bebemos es la NASA. Aunque no siempre se refieren a notificaciones exclusivamente de la propia NASA; como en esta ocasión, en la que la noticia está relacionada con un equipo de investigadores internacionales. 

La agencia aerospacial estadounidense nos da noticias con tinte trendingtopico, todo hay que decirlo, pero en el siglo XXI es lo que hay. No se entiende una labor divulgativa al uso sin emplear el bombo y platillo que otorgan Twitter y Youtube, entre otros. De repente, la mañana de un miércoles se convierte en un montón de gente corriendo tirándose de los pelos por los pasillos de Twitter preguntándose a ver qué coño va a anunciar la NASA a nivel mundial, que ha avisado con tiempo suficiente como para que, si fueran extraterrestres los anunciados, nos borrasen del mapa en menos que tuitea un @gerardotc. Afortunadamente, sabemos que eso es difícil que ocurra, y sin embargo creemos que si encontramos vida en algún sitio, tenemos la obligación de poner los medios para ir allá donde esté. Al precio que sea.

Características de los planetas del sistema Trappist-1 comparados con algunos del Sistema Solar
 [Infografía:NASA/JPL-Caltech]
A las 19.00h (hora peninsular española) del 22 de febrero, la conferencia de prensa confirmó lo que algunos ya habían encontrado la noche anterior en las entrañas de internet por las dichosas filtraciones. Un equipo internacional de astrónomos ha descubierto, dentro de un sistema ya conocido llamado Trappist-1, que hay más planetas de los que había registrados en él, que en total son siete y del tamaño aproximado de la Tierra, y que respecto de la estrella ultraenana fría de la que orbitan hay tres en la zona habitable según las condiciones de temperatura y distancia. De momento, se han nombrado con las letras del abecedario, y dentro de los tres «más interesantes» puede haber características comunes entre sí. Por ejemplo, que padezcan acoplamiento de marea y por ello muestren siempre la misma cara a la estrella -para contextualizar, como la Luna a la Tierra-, todos son cuerpos rocosos, y lo que desean fervientemente los científicos es poder saber cómo son sus atmósferas, porque de ello depende en gran medida la posibilidad de que haya vida o no.

Infografía: NASA/JPL-Caltech
El sistema Trappist-1 es mucho más compacto que nuestro sistema solar, pero las condiciones de habitabilidad (según lo que se entiende por tales condiciones) vienen dadas porque su estrella es más fría que el sol. Dicho de otro modo: si sus planetas tienen el tamaño de la Tierra, para que en su superficie la temperatura sea similar a la nuestra, deben estar más cerca. Un ejemplo más tangible: si quieres calentarte delante de una estufa, dependiendo del calor que desprenda una pequeña estufa eléctrica o una grande de butano, para estar a gusto tendrás que colocarte más lejos o más cerca.

A continuación, quiero dejar claros los puntos más mediáticos que todo quisque no ha podido evitar cuñadear.

- Las imágenes de las infografías son recreaciones. No es como son en la realidad. Los planetas se han descubierto mediante el método del tránsito. Algo así como cuando estás tomando el sol boca arriba con los ojos cerrados y alguien hace pasar (transitar) la sombra de su mano por tu cara. Seguro que te llama la atención y abres los ojos ¿a que sí? Pues cuando los astrónomos están controlando el brillo de una estrella y un planeta transita sobre ella, también les llama la atención. 

- No. No hay evidencias -de momento- de que exista atmósfera ni agua en ninguno de los siete planetas. Por lo tanto, tampoco las hay de que haya vida tal y como la conocemos. Sorry. Quizá en el medio plazo se pueda confirmar que hay atmósfera, pero habrá que esperar.

- El sistema está a 39 años-luz de nosotros. Algo, como ya he dicho en el título de esta entrada, lejanamente cerca.

- Algo tan lejos que, con la tecnología de hoy en día, tardaríamos en llegar 44 millones de años. Y aún así de lejos, fijaos en esta imagen de la Vía Láctea con sus 100 millones de años-luz. La distancia que nos separa de Trappist-1 sería equivalente a medio pixel de la zona agrandada. ¿De verdad pensáis que en alguna parte del Universo no habrá más exoplanetas con vida microscópica en su superficie? Como más o menos dijo Neil DeGrasse Tyson: «sería tremendamente egocéntrico pensarlo».



La impaciencia nos puede, y a lo mejor hasta podamos conocer muchas más cosas durante nuestras vidas cuando estén investigando el sistema los telescopios que vienen, pero lo cierto es que algunos seríamos más felices si hubiéramos nacido 100 ó 150 años más tarde... pero eso ya no podrá ser, por lo que debemos disfrutar del momento y tratar de mostrar a todos los amigos, conocidos y followers que el espacio mola mucho más allá de las memeces astrológicas que los medios de comunicación nos muestran día sí y día también. Así que id y contad la buena nueva.

Para finalizar, si lo que queréis es entrar en profundidad en el tema, os recomiendo la que probablemente sea la mejor en castellano que os podáis echar a la cara. Es, cómo no, del maestro Daniel Marín (@Eurekablog) aquí en su blog Eureka.

sábado, 11 de febrero de 2017

Aglaonike, la brujería que era ciencia.

Fuente: http://archive.randi.org 
Astronomía, algo ajeno. Astrología, algo propio. Una pareja viajando de la mano a lo largo de la Historia hasta un tiempo de más luces que sombras, en el que se separaron para siempre. Algo en común: mirar al cielo… a ese abismo vertical. La delgada línea que separa interesarse por lo desconocido es muy fina. Tanto que la balanza podía hacerte caer en el lado equivocado. El lado donde lo que hagas no sirve de nada. La astrología pertenece a esa serie de mentiras metidas en una nebulosa endogámica en la que todo está relacionado con todo, como si de hacer piña se tratara (y, de hecho, se trata). A pesar del auge de todas esas «ciencias» amigas del misterio, a las que se da pábulo desde todos los medios de comunicación y, ¿por qué no decirlo?, alguna que otra institución pública, algunos estamos empeñados en dejar claro a la gente de nuestro entorno que no hagan caso, por ejemplo, del horóscopo.

Sin embargo, en aquellos tiempos donde no había diferencia, solo quienes practicaban la astronomía sabían que no estaban haciendo algo que pudieran controlar. No eran oráculos. Ni lo pretendían. ¿O sí? El caso es que allá por el siglo II a.C., en la Grecia Clásica, a las mujeres se les atribuía la calidad de «sacerdotisas», porque no se consideraba que tuvieran la capacidad para desarrollar ciencia. Aprovecho que la noche de ayer (10-11 febrero) tuvo lugar un eclipse penumbral para escribir sobre una persona que los conocía extremadamente bien para su época gracias a que su padre había decidido enviarla a Mesopotamia para que aprendiera Matemáticas y Astronomía. Eran cosas verdaderamente inusuales en un lugar como Grecia que las mujeres medraran científicamente hablando, así que Hegetor de Tesalia la mandó de Erasmus a tierras caldeas donde los conocimientos sobre lo humano y lo terrenal hacía tiempo que se conocía. Os hablo de Aglaonike, mi protagonista para esta humilde aportación al Día de la Mujer y la Niña en Ciencia. 

Fuente: NASA
Aglaonike fue la primera mujer astrónoma conocida de Grecia. Junto con alguna otra como ella eran popularmente conocidas como las «brujas de Tesalia», y oficialmente sacerdotisas del templo de la Luna. Por la calle, e incluso en las crónicas de Apolonio de Rodas o Plutarco, se referían a ella como «quien podía hacer desaparecer la luna». Comentarios perversos, dicho sea de paso. La razón: desprestigiar su labor aduciendo al engaño de la magia como arma. Sin embargo, la realidad distaba mucho de la brujería. Su virtud era aplicar la teoría astronómica que había aprendido en Mesopotamia, dónde si no, sobre la teoría de los ciclos de saros, que establece la relación entre la Luna y la Tierra según la cuál ambas coinciden en el mismo punto transcurrido un tiempo. Gracias a eso, y sabiendo cuándo había tenido lugar el último eclipse, podía predecir cuándo tendrían lugar los siguientes, y de qué tipo serían, claro.


Si hoy en día vemos gente a la que predecir el futuro de los fenómenos astroNÓMICOS les parece magia, imaginad por un momento el poder que podría dar hace dos milenios «hacer ocultarse el sol». O la luna. El rol de la mujer hace dos mil años estaba encuadrado en la exclusión social, la sumisión e incluso la semejanza a los animales. Tremendo eso último. Afortunadamente, hoy hay partes del mundo en las que no es así. Desafortunadamente, hay lugares en los que todavía lo es. Por eso, porque muchas de las niñas del mundo no tienen elección, nuestro deber es dar visibilidad a las mujeres y ANIMAR a nuestras pequeñas a que se decidan por ocupaciones para las que, históricamente, está demostrado sobremanera que el sexo femenino es perfectamente capaz de despuntar. Ni siquiera es necesario dar ningún ejemplo. Si no es así, nos veremos obligados a vivir mucho tiempo rodeados de vergonzantes porcentajes de supremacía masculina en cualquier cosa que huela a Ciencia.